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Antes de convertirse en un prestigioso realizador televisivo durante los 50 y los 60, el director alemán exiliado por el nazismo John Brahm dirigió algunas joyas malditas del cine negro de serie B en la época dorada del género. Entre algunas bastante apreciables (“Counsel for Crime”, 1937, o “La huella de un recuerdo”, 1946) destaca este “Concierto Macabro” que se mueve, con una atmósfera enrarecida, entre el drama criminal, el terror victoriano y la exploración psicológica de la locura. John Brahm y el guionista Barré Lyndon aprovechan las enormes posibilidades de la novela de Patrick Hamilton (autor de las novelas en las que se basan “Luz que agoniza”, 1944, de George Cukor, o “La soga”, 1948, de Alfred Hitchcock); logrando un tenebroso espectáculo de suspense melodramático sin necesidad de mantener la intriga de quién es el asesino.

El prestigioso compositor George Harvey Bone (Laird Cregar) tiene desde hace tiempo ataques de amnesia, pero se van intensificando por culpa de la obsesión que George tiene con Netta (Linda Darnell), una cantante a la que ha escrito varias canciones; y por su intento de terminar un concierto que cree que puede ser el más importante de su carrera. Todo se complica más cuando la policía considera al compositor sospechoso de un asesinato… el no recuerda nada.

El Londres del cambio de siglo (que ya había servido de escenario a su éxito “Jack el destripador”, 1944, su anterior colaboración con el guionista Barré Lyndon y los actores Laird Cregar y George Sanders) es un siniestro, y perfecto, entorno donde desarrollar los comportamientos más oscuros del ser humano. El film ha alcanzado un estatus de culto gracias a un soberbio arranque (y una conclusión no menos soberbia), una atmósfera macabra que se beneficia de una de las primeras partituras del gran Bernand Herrmann (convertida hoy día en una de sus más icónicas composiciones) y una turbia historia que juega con lo que es cierto y lo que no con la habilidad del mismísimo Hitchcock (con el que “Concierto macabro” tiene muchas conexiones).

 

– Para coleccionistas de joyas desconocidas del cine de terror.

– Imprescindible para interesados en el cine de género de la primera mitad del siglo XX.

 

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