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El a menudo infravalorado director Barry Levinson (“El mejor”, 1984, “Rain Man”, 1988, o “Sleepers”, 1996) se estrenó en el cine con esta comedia agridulce de inspiración autobiográfica (él mismo escribió el guión) sobre el paso a la edad adulta. Levinson se rodeó de un prometedor elenco de jóvenes actores entre los que se encontraban Kevin Bacon, Daniel Stern, Ellen Barkin, Mickey Rourke o un Steve Guttenberg pre-“Loca Academia de Policía”, lo que hizo de “Diner” una de las mejores (y más olvidadas) películas generacionales de los 80; y supo imprimir al film las dosis justas de nostalgia, desconcierto juvenil, resignación nihilista y humor grueso (inolvidable la escena del cine en la que Rourke utiliza insólitamente un paquete de palomitas) como para convertirlo en una de esas joyas que nunca veremos en un Top Ten, pero que siempre tendrá un lugar en nuestra memoria cinéfila.

Ambientada en la Navidad de 1959, la película nos cuenta como cinco amigos vuelven a reunirse mientras intentan compaginar sus crecientes responsabilidades, sus miedos y sus problemas con su propia felicidad en una época en la que han de afrontar una supuesta madurez. Se reúnen en el Diner (un típico bar americano de los años 50) y rememoran sus años de instituto, pero no consiguen dar a sus vidas el empujón que necesitan.

Adelantándose una década a Quentin Tarantino, Levinson compuso una serie de ingeniosos y creíbles diálogos (referencias a la cultura popular de los 50, angustia post-adolescente, …) en torno a la mesa de una cafetería; tejiendo una trama que funciona como atemporal y universal catálogo de inseguridades, alegrías, deseos y tristezas de los veinteañeros (y su difícil adaptación al mundo de los ‘adultos’): la ‘obligada’ búsqueda de pareja y estabilidad sentimental, el abismo que supone ‘sentar la cabeza’, la necesidad de adquirir responsabilidades, … A la vez “Diner” es una oda a la amistad, a los lazos que nos unen a los amigos de toda la vida, una entrañable e inteligente muestra de que el cine sirve para mucho más que vender palomitas.

 

– Para los que disfrutan del cine de personajes, con buen guión y concepto universal.

– Imprescindible para coleccionistas de films generacionales.

 

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