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Curtido en el cine criminal (y el más extraño cine de género) desde los tiempos de “Las crueles” (1969), el realizador barcelonés Vicente Aranda (“Amantes”, 1991, “Libertarias”, 1996, o “Juana la loca”, 2001) logró uno de sus más rutilantes éxitos comerciales con la crónica de los primeros años de la carrera delictiva de uno de los grandes hitos de la crónica negra española de los años 60 y 70. Adaptando el primer tomo de la autobiografía del mismísimo Eleuterio Sánchez, Aranda (junto al guionista y osado documentalista Joaquim Jordà) se sumerge en una España empobrecida y rural que convirtiendo a su protagonista en una suerte de héroe popular que parecía no aceptar las cadenas de un gobierno dictatorial, la exclusión social o las despóticas maneras de las fuerzas del orden. El resultado es un entretenido (y a veces mucho más) drama delictivo con tintes políticos que se mueve irregularmente entre el realismo y la elaboración de mitología moderna.

Eleuterio Sánchez ‘El Lute’ (un soberbio Imanol Arias) es el hijo de una familia merchera que recorre España ganándose la vida con cacharros de hojalata y pequeños robos. Tras escaparse con Chelo (Victoria Abril), el Lute comenzará a vivir en un poblado de chabolas donde se irá involucrando en robos cada vez más importantes; hasta que el atraco a una joyería sale mal.

“El Lute (camina o revienta)” (junto con su también apreciable secuela “El Lute (mañana seré libre)”, 1988) es una crónica de los últimos años del franquismo; un símbolo del nacimiento de visibles movimientos contraculturales en oposición al régimen; un punto de unión entre el primitivismo instintivo y antisocial de El Lute y las protestas que los inconformistas de la época comenzaban a desarrollar en las calles. Pero también es un significativo y carismático relato criminal con persecuciones, disparos, policías (violencia policial y aboso de poder) y ladrones; todo con un marcado tono español (buena reconstrucción de la época, de las étnias gitanas que habitaban en la península ibérica, …) que lejos de mermar la potencia del film, lo hace más cercano y atractivo.

 

– Para interesados en la crónica negra española.

– Imprescindible para recordar porqué Imanol Arias es uno de los grandes actores de su generación.

 

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