CINEBLOG.NET

 

Desde que solo tres años antes irrumpiera en el panorama musical como ídolo de multitudes y adalid del rock & roll, la inmensa fama de Elvis Presley lo había llevado a grabar numerosos discos y rodar varias películas. Pero fue “El rock de la cárcel” su primer gran hito cinematográfico (luego vendrían “El barrio contra mi”, 1958, o “Cita en Las Vegas”, 1964) en el que explotó con exultante frescura su carisma arrollador, su magnética imagen, con su calidad musical. El veterano y prolífico Richard Thorpe (“Al caer la noche”, 1937, “Tarzán en Nueva York”, 1942, o “Ivanhoe”, 1952) fue el encargado de dirigir este drama juvenil en el que la música funciona como instrumento de superación de las dificultades impuestas por la sociedad. Su tópico y predecible argumento era lo de menos ante la actitud rebelde que había hecho famoso al Rey del Rock, las pegadizas canciones de Mike Stoller y Jerry Leiber, su simpatía por las clases bajas y su insolencia hacia la autoridad más opresiva.

Debido a un asesinato accidental, el obrero de la construcción Vince Everett (Elvis Presley) es condenado a dos años de cárcel. Allí conocerá al ladrón de bancos Hunk Houghton (Mickey Shaughnessy), el cual enseñará a Vince a tocar la guitarra y lo animará a desarrollar su talento.

Sin duda, una de las claves del éxito del film es su icónico y burlesco tema central, ‘Jailhouse Rock’, que mezclaba una letra cargada de irónicos comentarios (entre los que se encuentra una referencia a la homosexualidad entre rejas), con la contundencia del rock & roll y la seriedad pícara y atormentada de la interpretación de Elvis (tanto con su voz como con sus sinuosos movimientos de baile); dando lugar a uno de los momentos más memorables de Elvis en el cine. “El rock de la cárcel” es una pieza fundamental en la configuración de Elvis Presley (y del Rock & Roll en general) como mito inmortal de la cultura popular; un entretenimiento cinematográfico que potenciaba su imagen de antihéroe bienintencionado e inconformista, pasional y sensible, a pesar de sus escasas dotes interpretativas.

 

– Para amantes del rock & roll clásico.

– Imprescindible para los que saben que los grandes cantantes no tienen porqué actuar bien.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies