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Después de dirigir a Sara Montiel en el western “Veracruz” (1954), rodar uno de las más bizarras muestras de cine negro (“El Beso Mortal”, 1955) o sumergirse en el complejo terror psicológico de “¿Qué fue de Baby Jane?” (1962), el a menudo controvertido (por excesivamente violento y crudo para los cánones de la época) director Robert Aldrich rodó este excelente film dramático de aventuras cargado de simbolismos sociales, que funciona como exhaustivo catálogo de la naturaleza humana, con el que profundizaba en cómo se comportan las personas en situaciones límite. Un estupendo reparto de actores secundarios (Peter Finch, Hardy Krüger, Dan Duryea, George Kennedy o Ian Bannen) en papeles perfectamente perfilados ayudó a que este intrigante estudio situacional del ser humano (en el que tampoco faltan acción y suspense) se convirtiese en uno de los más carismáticos ‘films de supervivencia’ de la historia.

Sobrevolando el Sahara, un avión tripulado por el capitán Frank Towns (James Stewart) y Lew Moran (Richard Attenborough), con 14 personas a bordo, ha de aterrizar forzosamente en medio del desierto. Los supervivientes esperan a que los rescaten, pero gracias a la radio de uno de los pasajeros (Ernest Borgine) se dan cuenta de que no están en ningún punto de su ruta, se habían desviado, con lo que es muy difícil que alguien los encuentre.

Tal vez porque el público de la época esperaba una producción más convencional, menos psicológica y claustrofóbica, “El vuelo del Fénix” fue un fracaso en taquilla (aunque Aldrich se resarció con su siguiente film: “Doce del patíbulo”, 1967); aunque no tardaría en convertirse (como también su director, despreciado en EE.UU., pero elevado a la condición de gran autor cinematográfico por los críticos europeos) en objeto de culto para legiones de cinéfilos exigentes, buscadores de cine entretenido, contundente y diferente (llegando a rodarse un remake en 2004, con Dennis Quaid al frente) en la línea de otros pioneros de la modernidad en el cine de acción como Samuel Fuller, Arthur Penn o Sam Peckinpah.

 

– Para coleccionistas de duelos actorales.

– Imprescindible para entender los que es un film de aventuras psicológicas.

 

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