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Considerada una de las mejores películas de guerra de la historia del cine; esta coproducción anglo-germana de alto presupuesto que supuso la única incursión de Sam Peckinpah (“Duelo en Alta Sierra”, 1962, “Grupo salvaje”, 1969, o “La huida”, 1972) en el cine bélico, como sus otros films, también es una reflexión, cargada de cruda violencia y secuencias a cámara lenta, sobre el hombre como animal salvaje, dominado por sus instintos más primarios. El guión coescrito por el legendario Julius J. Epstein (“Casablanca”, 1942, de Michael Curtiz) era el vehículo perfecto para la mezcla de duro clasicismo y renovación posmoderna que caracterizó a Sam Peckinpah; colocando insólitamente su punto de vista en el impopular bando alemán durante la II Guerra Mundial, desarrollando una interesante lucha de clases sociales en el ejército y proponiendo lo más cercano a un film antibelicista que podía salir de la aparentemente ruda mente de Peckinpah (poniendo de relieve la crueldad y el absurdo de la guerra).

El film cuenta las penurias en combate de un escuadrón alemán destacado en el frente Ruso. Se centra en el conflicto entre el razonable y respetado sargento Steiner (James Coburn) y el capitán Stransky (Maximilian Schell), el cual está dispuesto a hacer lo que sea (y que sus hombres hagan lo que sea) con tal de conseguir una Cruz de Hierro, condecoración máxima al valor en combate que entrega el Ejército Alemán.

Con un excelente reparto (están también James Mason, David Warner o Senta Berger), una cuidada recreación de uniformes, armamento y escenarios y el sello particular de Peckinpah (héroes crepusculares, violencia estilizada, …), “La Cruz de Hierro” se convirtió rápidamente en un éxito en Europa (donde a Peckinpah siempre se le ha considerado un autor cinematográfico de primera), aunque en EE.UU. no estuviesen preparados para asimilar la violencia brutal del film y, menos, empatizar con el honor de los soldados alemanes. Su éxito propició una especie de secuela de muy inferior calidad (“Cerco roto”, 1979, de Andrew V. McLaglen) que pasó sin pena ni gloria.

 

– Para amantes del cine bélico de primera calidad.

– Imprescindible para conocer cual fue el último gran film del mítico Sam Peckinpah.

 

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