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El ‘enfant terrible’ del cine de Hollywood de los años 40 (“Ciudadano Kane”, 1941, “El cuarto mandamiento”, 1942, o “El extraño”, 1946) proseguía su tira y afloja con los grandes estudios y la moral mercantilista de la industria cinematográfica (desavenencias que en los 50 lo exiliarían a Europa) gracias a esta obra maestra del cine negro más vanguardista. Con un complejo guión que bordea lo absurdo (algo habitual en los clásicos del género) y la poderosa e ingeniosa puesta en escena de Welles, que convierte el film en un prodigio visual, barroco y turbio; el que es posiblemente el director/guionista/productor más importante de la historia del cine consiguió una obra relevante, original y atrevida en una década en la que el cine criminal vivía su Edad de Oro (se considera que el propio Welles cerró la época del cine negro clásico con la obra maestra “Sed de mal”, 1958).

El marinero irlandés Michael O’Hara (Orson Welles) comienza a trabajar para Arthur Bannister (Everett Sloane), un abogado inválido cuyo barco se dirige a San Francisco. Michael se enamora de la esposa de Arthur, la seductora Elsa (Rita Hayworth) y, junto al socio del abogado (Glenn Anders), planearán asesinar a Arthur para cobrar el seguro.

Cuentan que Orson Welles, que aún conservada cierto prestigio dentro de una industria que pronto le daría la espalda, necesitaba financiación para una obra de teatro (su primera gran pasión), llamó a la Columbia y les propuso lo primero que se le ocurrió; el resultado fue esta típica historia negra que en manos de Orson Welles se convierte en un extravagante ejercicio de estilo repleto de aciertos visuales (como la icónica escena de los espejos) en el que sobresalen unos excelentes diálogos a base de cinismo, ironía y dramatismo (‘Matarte a ti es como matarme a mí mismo. Pero para ser sinceros, estoy cansado de ambos’) y una perturbadora y mítica ‘femme fatale’ interpretada por una oxigenada Rita Hayworth, futura exmujer de Welles con la que no se hablaba desde hacía años (y a la que cambió el look para el film) a pesar de estar casados desde 1943.

 

– Para los que gusten del cine como objeto de estudio, de los films con ramificaciones e historias ‘longitudinales y trasversales’.

– Imprescindible para comprender la rebeldía y las ansias de hacer cosas diferentes de Orson Welles.

 

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