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El austriaco Michael Haneke (“Funny Games”, 1997, “La cinta blanca”, 2009, o “Amor”, 2012) ya llevaba más de diez años ganándose a pulso el título de director más incómodo de Europa cuando llegó “La Pianista” y lo reafirmó en su puesto con un relato de sadomasoquismo, automutilación, vouyerismo y relaciones insanas (basado en la novela de la premio Nobel, Elfriede Jelinek) en el que Haneke disecciona la sociedad a través de una enfermiza pulsión sexual. Revisitando cierto espíritu de autores como Luis Buñuel (la decadencia y la desorientación de la burguesía, el poder del sexo, …) o Ingmar Bergman (un personaje femenino, una antiheroína atormentada, en busca del sentido de la vida a través de relaciones sentimentales poco ortodoxas), Haneke se sumerge en un inquietante, durísimo y radical drama que parece hablarnos simbólicamente de Austria y las consecuencias aún patentes de su relación con Alemania.

Una profesora de piano de conservatorio (una Isabelle Huppert que te deja sin aliento), desequilibrada emocionalmente por culpa de una madre (Annie Girardot) demasiado absorbente y autoritaria, se sumerge en una espiral de sexo violento y humillante en la que participará uno de sus alumnos.

Al fin y al cabo poco importa si Michael Haneke nos está hablando de un personaje perturbado por el dominio castrense de su madre, o si se trata de una Austria herida por un pasado tumultuoso; el director-guionista se distancia lo suficiente como para observar a sus marionetas desde un punto de vista casi quirúrgico, sin juicios de valor ni explicaciones excesivamente explícitas. Así, con un retorcido y cáustico humor negro, Haneke hace lo que más le gusta, remover al espectador en su asiento a la vez que desarrolla un siempre inteligente discurso filosófico (en este caso una reflexión metafísica sobre la existencia), social y psicológico. “La pianista”, de cualquier manera trata sobre Europa, sobre el acomodado mundo moderno, sobre todos nosotros, nuestros traumas, la manera en que la educación nos afecta; y tal vez la solución a todos los problemas sea rendirse al deseo.

 

– Para osados indagadores de la psique humana y social.

– Imprescindible para los que quieran saber que habría pasado si Haneke hubiese rodado “Carrie”.

 

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