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Basada en un reportaje periodístico del New York Times, “Los Gritos del Silencio” es un estremecedor relato de la Guerra de Camboya durante los años 70; además del debut en el largometraje, tras más de diez años trabajando en televisión, del siempre comprometido y arriesgado director británico Roland Joffé (“La Misión”, 1986, “Creadores de sombras”, 1989, o “La ciudad de la alegría”, 1992). Intenso drama realista, profundamente humano y perturbador escrito por el actor y guionista debutante Bruce Robinson (futuro director de culto gracias a “Withnail y yo”, 1987, o “Cómo triunfar en publicidad”, 1989), acompañado por la evocadora música de Mike Oldfield y con una cruda fotografía de Chris Menges. Secundarios de lujo como John Malkovich, Julian Sands, Craig T. Nelson o el cómico Spalding Gray completa el reparto de un film redondo técnica, narrativa y conceptualmente.

El film sigue los pasos de Sydney Schanberg (Sam Waterston), periodista que entabla amistad con Dith Pran (Haing S. Ngor), médico del ejército camboyano reconvertido en actor y que logró el Oscar al mejor secundario por esta actuación) el camboyano que le sirve de intérprete durante el régimen de los Jemeres Rojos. La trama se complicará cuando no dejen que Dith Pran abandone el país con los americanos.

“Los gritos del silencio” se convirtió en uno de los grandes éxitos de los años 80, de esos que consiguen aunar público y crítica; logrando arrebatar a la todopoderosa “Amadeus” (Milos Forman, 1984) los oscars a la mejor fotografía, montaje y actor secundario (para otro debutante: Haing S. Ngor, médico camboyano auténtico superviviente de los hechos que muestra el film); además de ayudar a concienciar al mundo sobre el llamado ‘genocidio camboyano’ de finales de los 70 y el autoritario y cruel gobierno del dictador Pol Pot y los Jemeres Rojos (que sobrevivieron como guerrilla hasta 1999 financiados por los EE.UU.). En definitiva “Los gritos del silencio” es una película emocionante y valiosa sobre la amistad y los lazos humanos; una estupenda odisea moderna y crítica política.

 

– Para fans de los dramas bélicos.

– Imprescindible para seguidores del periodismo de investigación más emocional y arriesgado.

 

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