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Tras rodar varias obras maestras del cine negro (“La ciudad desnuda”, 1948, o “Noche en la ciudad”, 1950), el director estadounidense Jules Dassin (“Nunca en domingo”, 1960, o “Topkapi”, 1964) aterrizó en París, huyendo de la ‘caza de brujas’ del senador McCarthy, para poner su talento al servicio de una de las mejores películas de la historia del cine criminal francés y regalarnos un oscuro thriller criminal con tintes sociales que creó escuela. Enmarcado en el siempre atractivo subgénero de ‘atracos perfectos’, este genial ejercicio de estilo repleto de antihéroes, carismáticos ‘losers’, tipos duros e impregnado de la fatalidad ineludible que contienen todas la obras maestras del género (desde “Perdición”, 1944, a “Atraco Perfecto”, 1956) sirvió como corte de mangas de Dassin (que logró el premio al mejor director en Cannes) a la industria hollywoodiense que le había dado la espalda.

Tony Le Stephanois (Jean Servais) es un expresidiario que tras salir de la cárcel descubre que su novia lo ha abandonado por un importante gangster. Esto, junto a que le resulta imposible conseguir trabajo, hace que se una a Jo (Carl Möher), Mario (Robert Manuel) y César (el propio Dassin) en el robo a una joyería. Pero aunque el plan parece perfecto no saldrá tan bien como desean.

Conocedor de los entresijos del cine negro, Dassin adaptó el mismo la novela de Auguste Le Breton en la que se basa el film; transformando un texto cuanto menos mediocre en un compendio de lo mejor del género. Empapándose de las influencias que habían ido configurando el género en la décadas anteriores (vanguardias cinematográficas como el Expresionismo alemán o el Neorrealismo italiano) y sin olvidarse del sentido del espectáculo que tanta importancia tenía en el cine estadounidense (inolvidable la extensa, milimetrada y silenciosa secuencia del robo); Jules Dassin logró uno de los grandes éxitos del cine francés, poniendo de moda el cine de atracos (muy recomendable “Rufufú”, 1958, de Mario Monicelli, donde el toque Neorrealista toma más importancia) y dando lugar a innumerables imitaciones.

 

– Para amantes de los films que funcionan con precisión milimétrica.

– Imprescindible para saber que son las debilidades humanas las que hacen que los planes salgan mal.

 

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