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Los hermanos Dardenne (“El hijo”, 2002, “El niño”, 2005), adalides belgas del cine de compromiso social europeo, lograron el reconocimiento definitivo (tras el éxito de “La promesa”, 1996) con este drama sustentado en una portentosa y poderosa interpretación de la debutante Émilie Dequenne (la Rosetta del título) y un guión que pasea por lo más truculento del mundo laboral, social y psicológico sin sensacionalismos ni atajos. Las vicisitudes de la protagonista para lograr un trabajo y la impotencia ante las injusticias que la aplastan vertebran esta historia difícil que comienza con fiereza y va asestando golpes certeros, cámara en mano y sin artificios (no hay banda sonora, por ejemplo), a una sociedad que ha perdido los valores que la hacen humana. Sus maneras realistas, tanto visual como argumentalmente, se transforman en un intensificador de la sensación claustrofóbica, casi kafkiana, que provoca la historia de Rosetta.

Tras ser despedida de la fábrica donde trabajaba, la joven Rosetta (Émile Dequenne), que vive en una caravana con su promiscua y alcohólica madre, comienza a sentir que jamás conseguirá un trabajo para poder ser como todo el mundo.

Los hermanos Dardenne critican duramente las condiciones labores, la explotación y el despotismo del mundo empresarial; pero sus opciones estéticas (inspirándolos desde Chaplin hasta el Neorrealismo) y narrativas (con un minimalismo un tanto angustioso) unidas a su sensible retrato psicológico elevan la calidad por encima de otros films de protesta de intenciones similares. La universalidad y atemporalidad del problema del paro en el ‘mundo civilizado’, centrándose en la juventud (‘Rosetta’ era curiosamente el nombre de una ley belga que no permitiría que se les pagase a los jóvenes menos del sueldo mínimo), sirve a los Dardenne para desarrollar ciertos temas que trascienden lo meramente social; así “Rosetta” también nos habla de la identidad y la integración, de la felicidad y de los sueños. Una película necesaria sobre las miserias diarias de la sociedad de la que estamos tan orgullosos.

 

– Para quienes piensan que el cine tiene que servir para mejorar nuestras vidas y nuestros gobiernos.

– Imprescindible para los que no quieren reto fáciles y agradables.

 

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