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Desde sus rompedores inicios (“Poison”, 1991, o “Safe”, 1995) como uno de los más destacados realizadores del New Queer Cinema hasta su demostrada maestría con melodramas barrocos con reminiscencias de Douglas Sirk (“Lejos del cielo”, 2002, o “Carol”, 2015) Todd Haynes siempre ha mostrado interés por explorar la identidad (sexual, social, …) y las personalidades que se salen de la norma. Así que no es raro que, con un plantel cargado de algunos de los mejores actores jóvenes del momento (Christian Bale, Ewan McGregor o Jonathan Rhys Meyer) y una fervorosa atención al detalle (visual y conceptual), Haynes hiciese de su particular homenaje a la década de los 70 y a las figuras de la música Glam, uno de los musicales más originales de los 90. Por medio de unos trasuntos de David Bowie, Iggy Pop, Lou Reed o Marc Bolan, el film cuenta un típico auge y caída de una estrella del rock, entre ambigüedad sexual, drogas y descreimiento, de una manera apabullantemente estética tan hedonista como excesiva.

Arthur Stuart (Christian Bale) es un periodista que en los años 80 investiga la trayectoria del cantante Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers). Stuart se encontrará con la mujer de Slade (Toni Collette) o con uno de sus mejores amigos y colaboradores (Ewan McGregor) para completar el rompecabezas de la vida de Slade.

A ritmo de Rock & Roll setentero (Roxy Music, Gary Glitter, T. Rex, … ) y con un esquema narrativo heredero de “Ciudadano Kane” (una investigación periodística que va descubriéndonos la vida de Slade) que es en realidad un recorrido por las diversas fases por la que pasó el movimiento Glam, “Velvet Goldmine” se erige como auténtica rareza travestida y roquera en un panorama de cine musical escaso, trillado y aburrido; una de esas joyas poco habituales que saben vislumbrar y mostrar los puntos comunes del cine y la música, con sabiduría, respeto hacia ambas disciplinas y originalidad (al igual que sus personajes no son reelaboraciones de otros reales, su visión de los 70 también parece reinterpretada desde un prisma posmoderno e idealizado.

 

– Para melómanos que echan de menos el Rock & Roll de los 70.

– Imprescindible para los amantes de las biografías no autorizadas.

 

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