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Tras el éxito de “Toma el dinero y corre” (1969), Woody Allen fijo su paródico objetivo en las revoluciones de América Latina; creando una tronchante sátira política a medio camino entre la acumulación de ingeniosos sketches cómicos y el irónico humor inteligente que lo convertiría en una de las más importantes figuras cinematográficas del siglo XX (con obras maestras como “Annie Hall”, 1977, “Manhattan”, 1979, o “Delitos y faltas”, 1989). A pesar de que el hipocondríaco realizador neoyorquino aún estaba aprendiendo a dirigir películas, “Bananas” resulta un entretenimiento de primera gracias a la habilidad de Allen para confeccionar chistes a base de burlescas caricaturas y situaciones absurdas (a veces incluso surrealistas, como su sorprendente inicio); además de su siempre certera y sarcástica crítica social, que en este caso va dirigida a esos ideales libertarios que practicaban ingenua y a menudo frívolamente los jóvenes de la época.

Fielding Mellish (Woody Allen) es un apocado neoyorquino que un día conoce a Nancy (Louise Lasser, primera musa y segunda ex-mujer de Allen), una joven políticamente comprometida en contra del régimen dictatorial de un pequeño país sudamericano: San Marcos.

“Bananas” es una comedia frenética cargada de parodias y homenajes: a personajes reales (el Ché Guevara, Fidel Castro, …), a la comedia física del cine mudo (esa secuencia sacada de “Tiempos Modernos”, 1936, de Charles Chaplin), a los hermanos Marx (y a su ‘comedia política’ “Sopa de ganso”, 1933, de Leo McCarey) y a diversos iconos del cine clásico (de “El acorazado Potemkin”, 1925, de Serguei Eisenstein a su adorado Ingmar Bergman y “Fresas salvajes”, 1957); dejando para la posteridad una serie de gags memorables (la escena del quirófano y los padres, la incursión a por comida de la guerrilla, …) y demostrando que ese enclenque personaje judio y neoyorquino, miedoso y neurótico, había llegado para quedarse y convertirse en uno de los iconos más reconocibles de la segunda mitad del siglo XX (todo un estereotipo en la actualidad).

 

– Para amantes de la comedia política paródica.

– Imprescindible para asomarse a los inicios de la inigualable carrera de Woody Allen.

 

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