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El a menudo poco convencional, controvertido e irregular director francés, afincado en Holanda, George Sluizer (“Utz”, 1992, o “Dark Blood”, 2012) logró el mayor éxito de su carrera con esta crónica realista, desapegada y claustrofóbica de un secuestro y de la obsesiva búsqueda posterior. Adaptando la novela “The Golden Egg” del holandés Tim Krabbé (que se ocupó también del guión), Sluizer consigue una desasosegante disección de la pérdida y de la obsesión por recuperar lo perdido. Por medio de una narración que va intensificando la tensión a medida que avanza el metraje y un magnífico equilibrio entre lo que el espectador sabe y lo que no; Sluizer nos sumerge en la desesperado periplo del protagonista, haciendo que en nosotros también crezca la curiosidad por el destino de la secuestrada. “Desaparecida” es una angustiosa, dramática e insana recreación criminal de presupuesto diminuto y alcance universal.

Rex (Gene Bervoets) y Saskia (Johanna ter Steege) son una pareja holandesa que se encuentran de viaje en Francia. Durante una parada para echar gasolina, Saskia desaparece. Rex la busca sin resultados durante tres años, hasta que comienza a recibir unas extrañas postales de alguien (Bernard-Pierre Donnadieu) que parece saber donde está Saskia.

El film se centra fríamente en la psicología de los personajes (no obstante es un thriller psicológico en toda regla), presentando a un secuestrador con doble cara, maquiavélico y afable; y a un desesperado novio abocado la locura y a la fatalidad. La tensión creciente crea una atmósfera en la que el suspense gira alrededor del desconocimiento de pequeños detalles de la conclusión (la cual conocemos casi desde el principio). El propio George Sluizer dirigió un entretenido, pero menor, remake estadounidense (“Secuestrada”, 1993) con Kiefer Sutherlan, Sandra Bullock y Jeff Bridges; donde suavizaba la crudeza, la tendencia a lo contemplativo y la crueldad de este drama diferente en el que los tópicos (narrativos, temáticos, visuales, …) de esta clase de producciones brillan por su ausencia.

 

– Para interesados en la mente criminal.

– Imprescindible para cinéfilos buscadores de tesoros imposibles.

 

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