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Aunque ensombrecida por la enorme popularidad del excelente remake de Martin Scorsese (“El cabo del miedo”, 1991), “El cabo del terror” es un soberbio thriller con tantas virtudes (o más) como la versión moderna. Y es que a una atractiva e inquietante historia plagada de suspense (de hecho Alfred Hitchcock estuvo a punto de dirigirla) hay que añadir un duelo actoral sencillamente mítico (dos personalidades, dentro y fuera de la pantalla, diametralmente opuestas) y el sólido buen hacer del infravalorado artesano británico J. Lee Thompson, en su primer trabajo hollywoodiense tras encadenar varios éxitos en Europa (“Fugitivos del desierto”, 1958, “La bahía del tigre”, 1959, o “Los cañones de Navarone”, 1961). El resultado es un tenso y provocativo drama de terror psicológico que funciona como una especie de fábula moral sobre los remordimientos y como los errores del pasado siempre terminan volviendo.

Max Cady (Robert Mitchum) es un expresidiario que tras pasar ocho años encerrado por violación comienza a acosar a Sam Bowden (Gregory Peck), el abogado al que Max considera responsable de su condena. Ni la policía, ni un detective privado podrán evitar que la familia Bowden se sienta en peligro.

Aunque el cine en color era ya lo más habitual en las producciones estadounidenses, J. Lee Thompson decidió rodar en blanco y negro para intensificar la crudeza y realismo de esta obra maestra en la que Robert Mitchum compuso un inolvidable y perturbador villano (el Max Cady de Robert De Niro también tenía elementos de otro memorable personaje de Mitchum: el reverendo de “La noche del cazador”, 1955) que se movía con contundencia por una atmósfera que evocaba el estilo narrativo de Alfred Hitchcock (primeros planos, insinuaciones sexuales, situaciones amenazantes, …); envuelto todo en la siniestra banda sonora del gran Bernard Herrmann (revisitada por Elmer Bernstein en el film de Scorsese), habitual del director de “Psicosis” (1960). J. Lee Thompson terminaría convirtiéndose en el director de cabecera de Charles Bronson en los 70 y los 80 en producciones de dudoso valor, pero “El cabo del terror” seguirá ahí.

 

– Para amantes del cine clásico de suspense.

– Imprescindible para buscadores de los más turbios dramas familiares.

 

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