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Guionista popular gracias a “El imperio contraataca” (1980) o “En busca del arca perdida” (1981), el cineasta Lawrence Kasdan (“Reencuentro”, 1983, “Silverado”, 1985, “Grand Canyon”, 1991) se adelantó al fenómeno mediático en torno a los thrillers eróticos que desencadenó una década después “Instinto Básico” (Paul Verhoeven, 1992). “Fuego en el Cuerpo” es un film criminal de alto voltaje sexual rodado de manera clásica, una muestra de cómo podría haber sido el cine negro en los 40 sin la censura sobrevolando Hollywood (el mismo año se estrenó otra propuesta similar, pero de inferiores resultados: “El cartero siempre llama dos veces” de Bob Rafelson); pero que imprime a los elementos fundamentales del género un aire renovado para el público moderno. Su gran sentido del suspense y los inesperados giros argumentales (junto a unas interpretaciones provocadoras y excitantes) redondean este cinéfilo melodrama criminal.

En Florida, durante un caluroso verano, el abogado Ned Racine (un aún joven William Hurt) conoce a Matty Walker (una sexual Kathleen Turner), esposa de un viejo millonario (Richard Crenna) con la que tendrá una aventura. Como en “Perdición” (1944), de la que es deudora, los amantes, impulsados por la sibilina ‘femme fatale’ decidirán quitar de en medio al esposo para poder disfrutar juntos. Pero no hace falta decir que no saldrá tan bien como esperaban.

Aunque aún se había configurado del todo el estilo autoral de Lawrence Kasdan, “Fuego en el cuerpo” ya es una disección psicológica de los sueños, las pasiones y las debilidades del hombre moderno (retratado con acierto al menos hasta la reivindicable joya coral del buen rollo “Mumford”, 1999). Así, el film auna su espíritu de acertado homenaje al cine negro clásico con una concepción visual refinada y atractiva (la fotografía de Richard H. Kline potencia su densa atmósfera y su sofocante textura), buenas interpretaciones (atentos a unos jóvenes Ted Danson y Mickey Rourke) y una excitante tensión sexual que convirtió a Kathleen Turner en icono erótico de los 80.

 

– Para seguidores del cine negro moderno.

– Imprescindible para recuperar en sus años mozos a dos actores un tanto olvidados hoy día.

 

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