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El más afamado director de la productora británica especializada en cine de terror Hammer Films, Terence Fisher (“La maldición de Frankenstein”, 1957, “Drácula”, 1958, o “El perro de Baskervilles”, 1959); el incansable e imaginativo escritor-guionista Richard Matheson (“El increíble hombre menguante” de Jack Arnold, 1957); y la estrella más rutilante del horror de la época, Christopher Lee (que ya había interpretado para la Hammer a Drácula, al monstruo de Frankenstein y a la momia), unieron sus fuerzas para crear esta compleja (al menos más que lo que se solía hacer en la productora) joya olvidada del horror satánico. Con “La novia del diablo” los códigos estéticos y argumentales de la Hammer intentaron adaptarse a los modernos años 60; y el resultado fue un entretenido espectáculo de atmósfera siniestra y suspense creciente en la que las intenciones comerciales de la productora servían a la perfección a las aspiraciones artísticas y temáticas de Fisher y Matheson.

Simon Aron (Patrick Mower) ingresa en una secta satánica que lava el cerebro a sus miembros y los sacrifica en honor al diablo. Sus amigos el duque Richleau (Christopher Lee) y Rex Van Ryn (Leon Green) se enteran intentan desvaratar los planes del pérfido Duque Mocata (Charles Gray), líder de la secta.

La libertad religiosa de la época y el auge de la contracultura pusieron de moda el satanismo (ese mismo año se estrenó “La semilla del diablo” de Roman Polanski) y la condición de explotadora de géneros de la Hammer hizo el resto (adaptando la novela del prolífico novelista de los años 30 Dennis Wheatley); logrando un thriller con regusto kitsch, e irremediablemente inglés, en el que Christopher Lee cambiaba su habitual rol de malvado de la función por el de héroe y se hacía un recorrido por elementos que en años posteriores se convertirían en tópicos del género. La típica batalla entre el bien y el mal, bañada por magia negra y presencias demoníacas, es relatada en “La novia del diablo” con maestría, a base de acción, suspense y horror, configurando un mundo de omnipresentes fuerzas oscuras.

 

– Para los que estén cansados de ver siempre la misma película de terror.

– Imprescindible para interesados en la historia del cine y su evolución.

 

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