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Tras dejar para la posteridad uno de los hitos cinematográficos de los 90 (“Trainspotting”, 1996), el realizador de Manchester Danny Boyle (“Slumdog Millionaire”, 2008, o “127 horas”, 2010) intentó trasladar al cine el espíritu de los jóvenes de la hedonista, experimentadora y desorientada de la ‘Generación Y’, adaptando la novela homónima del director de “Ex-Machina” (2014), Alex Garland (que escribiría dos guiones para Boyle: “28 días después”, 2002, y “Sunshine”, 2007). Aunque el resultado no fue tan satisfactorio como cabría esperar, lo cierto es que “La playa” es un entretenido thriller de aventuras exótico-existenciales que pone sobre la mesa temas tan interesantes como el regreso a las raíces, la autogestión, la locura, el imperialismo capitalista o la búsqueda del sentido de la vida; todo acompañado de sexo, marihuana, viajes (inicíaticos), violencia, video-juegos y hippismo posmoderno.

Richard (Leonardo DiCaprio) es un joven estadounidense que está de viaje por el sudeste asiático con el fin de vivir nuevas experiencias. Allí conocerá a Étienne y Françoise (Guillaume Canet y Virginie Ledoyen), una pareja francesa con la que se propondrá escontrar una misteriosa y paradisíaca playa perdida en Tailandia.

Boyle y su guionista habitual John Hodge (desde los tiempos de “Tumba abierta”, 1994) no profundizan excesivamente en ninguno de los numerosos frentes conceptuales que desarrollan, denotando cierta confusión y superficialidad; que, unida a la tendencia a la comercialidad de Boyle, hizo que la crítica se cebase con el film y con el joven Leonardo DiCaprio (que intentaba sacarse de encima el rol de “Titanic”, 1997, de James Cameron). Pero es que “La playa” no es cine de tesis, a pesar de tratar con maneras críticas importantes temas sociales, morales o humanos estamos ante una película de entretenimiento, enfocada a una generación que no sabía cual era su lugar (en cierto modo es aplicable a otras), con romance, acción, drama, aventuras, suspense, paranoia y la pureza de los sueños que configuran nuestras personalidades.

 

– Para amantes de los thrillers existenciales post-adolescentes.

– Imprescindible para seguidores del cine de autor comercial de Danny Boyle.

 

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