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Aunque no era la primera vez que se utilizaba la comedia en el género, “Le llamaban Trinidad” si que se puede considerar la más memorable de las parodias humorísticas del spaghetti western. Y es que utilizando los códigos estéticos, temáticos y argumentales del western europeo (que había inundado la industria española e italiana desde que Sergio Leone lo definiese como una revisitación posmoderna del cine del oeste clásico en “Por un puñado de dólares”, 1964); el director de fotografía romano Enzo Barboni, bajo el seudónimo de E.B. Clucher, escribió y realizó este carismático western cómico que estableció definitivamente la icónica pareja ‘Terence Hill-Bud Spencer’ (el propio Barboni los dirigiría en “Dos super policías”, 1977, “Dos Supersuperebirros”, 1983 o “Dos super dos”, 1984), fundó un nuevo  subgénero (el llamado ‘fagioli western’ o ‘western de habichuelas’, lo que a menudo comían en mugrientas perolas) y triunfó en los cines a ambos lados del Atlántico.

Trinidad (Terence Hill) es un pistolero que vaga por el salvaje oeste. ‘El Niño’ (Bud Spencer) es hermano de Trinidad, un ladrón de caballos que se ha convertido en sheriff. Trinidad ayudará a su hermano a mantener a raya al cacique local Harriman (Farley Granger).

“Le llamaban Trinidad” demostró que el prolífico Spaghetti Western, género populista donde los haya, había madurado lo suficiente (en menos de una década) como para tener sus propias parodias y que estas resultasen suficientemente sólidas; presentando una serie de gags basados en peleas en bares, destreza con el revólver, complicidad con el caballo y otros tópicos del género, Barboni y compañía nos presentaban un típico argumento de antihéroes protegiendo a los débiles de los abusos de los que ostentan el poder. Así, el conjunto de su excelente banda sonora (que, como no podía ser de otra manera, se mira en Ennio Morricone), su barata pero entrañable ambientación y la magnética química de la pareja protagonista; es ensalzado por la frescura que recorre todo el film, su falta de prejuicios, su comedia popular y su sencillez. Barboni también dirigió la secuela: “Le seguían llamando Trinidad”, 1971.

 

– Para amantes del cine del oeste cómico.

– Imprescindible para interesados en la evolución del spaghetti western.

 

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