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Documental en el que el fotógrafo, director de videoclips y ocasional cineasta Bruce Weber (“Broken Noses”, 1987, o “Chop Suey”, 2001) disecciona la carrera del cantante y trompetista de jazz Chet Baker desde los 50, cuando despuntó como un atractivo crooner adorado por las jovencitas hasta 1987, año en que abandonó definitivamente su larga (30 años) adicción a la heroína cuando cayó desde una ventana de un hotel de Amsterdam. Con ciertas maneras de cine experimental, Weber opone los ‘dos Chet Bakers’ (el aterciopelado y exitoso joven y el demacrado trompetista, adorado por rockeros y músicos de jazz pero con una bomba de relojería dentro), para hablarnos del impulso artístico, las dependencias (químicas y emocionales) y el éxito por medio de las declaraciones de sus ex-mujeres, sus hijos y muchos fans famosos de Baker (además de abundante material de archivo).

Las míticas fotografías que William Claxton hizo le tomó en los años 50, apariciones en show televisivos o sus actuaciones alimenticias en films de serie B, se intercalan con secuencias, interpretaciones (algunas junto a Ennio Morricone) y entrevistas a un envejecido Chet Baker que moriría poco después.

Emocionante y desoladora a partes iguales, “Let’s get lost” también sirve como recorrido por una tumultuosa época de la música (de los 50 a los 80), así como una reflexión sobre la fama y el arte; una mirada melancólica pero entusiasta a la historia del jazz en la segunda mitad del siglo XX (su banda sonora es sencillamente magistral: Baker versionando a Duke Ellington, Cole Porter, Bing Crosby, Antônio Carlos Jobim, …). Pero “Let’s get lost” también es una tortuosa obra de arte en sí misma; una tragedia musical moderna, rodada completamente en blanco y negro, para la que Bruce Weber tuvo que poner hasta un millón de dólares propios, además de vérselas con que el deplorable estado de Chet Baker convirtió el rodaje en un caos. Pero solo escuchar como Baker interpreta casi agónicamente ‘Almost Blue’ (de Elvis Costello), mientras desfilan imágenes de su juventud, ya hace merezca la pena un visionado.

 

– Para amantes del jazz y las vidas turbulentas.

– Imprescindible para buscadores de biopics al límite.

 

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