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Mientras aún se emitía su gran éxito televisivo “Superagente 86” (1965-70), Mel Brooks (“El jovencito Frankenstein”, 1974, “Sillas de montar calientes”, 1974, o “La loca historia de las galaxias”, 1987), pionero del humor paródico moderno, debutó en el cine con esta comedia de culto sobre la hipocresía y las paradojas del mundo del espectáculo recorrida por un sarcástico humor negro (aunque hoy día pueda parecer algo ingenua) y un sentido del esperpento que se convirtió en sello personal en la carrera posterior del director. Como director y guionista, Brooks utiliza la figura de Adolf Hitler y los nazis con cierto humor transgresivo; y aunque esto no era una novedad (de “El gran dictador”, 1940, de Charles Chaplin a “Traidor en el infierno”, 1953, de Billy Wilder), la frescura e inteligencia de “Los productores”, unida a unas buenas interpretaciones y buenas dosis de mala leche, la convierten en una comedia imprescindible.

El productor Max Bialystock (Zero Mostel) y el contable Leo Bloom (Gene Wilder) confeccionan un plan con el que recaudarán dinero para un musical, se quedarán el dinero y huirán a Brasil. El musical ha de ser un fracaso y se preocupan de que sea suficientemente malo para que así sea. Pero no han contado con lo impredecible que es el mundo del espectáculo.

Calificada en su momento de ‘humor judio’ por los más fundamentalistas del humor clásico rancio, “Los productores” supuso una novedad en el panorama del humor cinematográfico de calidad (plagado de comedias románticas e ingenuos desvaríos adolescentes) y convirtió la ironía y la parodia en instrumentos cómicos de primera (como en los tiempos de los hermanos Marx). La desmelenada obra dentro de la película (“Springtime for Hitler”), con un hippie interpretando a Hitler y coreografías en forma de esvástica a lo Busby Berkeley, provocó cierta controversia y que el film fracasase en taquilla en el momento de su estreno; aunque con el tiempo se ha convertido en una pieza fundamental de influencia incalculable en la comedia moderna.

 

– Para los hayan que visto la versión moderna (protagonizada por Matthew Broderick y Nathan Lane).

– Imprescindible para historiadores de la comedia americana.

 

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