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Cuando parecía que el slasher (sangriento género consistente en jóvenes que mueren uno a uno a manos de algún psicópata) estaba tan muerto como la carrera de Wes Craven (“La última casa a la izquierda”, 1972, “Pesadilla en Elm Street”, 1984, o “Vuelo nocturno”, 2005), ambos resurgieron brillantemente con esta lúdica vuelta de tuerca metalingüística del género que demostró que tanto el slasher como Craven tenían mucho aún que dar. Un guión plagado de referencias cinéfilas, giros argumentales y diálogos metacinematográficos (obra de Kevin Williamson, que se convirtió en gurú del terror adolescente gracias también a “Sé lo que hicisteis el último verano”, 1997, o “The Faculty”, 1998, de Robert Rodriguez), una horda de actores jóvenes y guapos, el carismático (y algo torpe) asesino ‘Ghostface’ y su condición de compendio del género estrella del terror de los 80 convirtieron el film en el exitoso inicio de una saga que ya va por su cuarta entrega (y una serie de televisión).

Cuando se acerca el primer aniversario de la muerte de la madre de Sidney Prescott (Neve Campbell), una compañera suya (Drew Barrymore) es asesinada brutalmente. Sidney recibe una llamada del asesino y acusa a su novio (Skeet Ulrich). A la vez, una periodista (Courtney Cox) llega a la ciudad para hacer un reportaje sobre los crímenes.

Craven y Williamson consiguieron conectar con la generación que había crecido con “La noche de Halloween” (John Carpenter, 1978) y “Viernes 13” (Sean S. Cunningham, 1980) con su entretenida e innumerable retahíla de guiños al cine de terror de las últimas décadas; pero también supieron atraer a nuevas hordas de espectadores con las mismas armas que habían hecho triunfar el slasher en los 80 (jovenes, suspense, violencia, sexo, falta de prejuicios o una estupenda ‘scream queen’). Así, “Scream” se erige como una sátira bienintencionada a los clichés del cine de asesinos psicópatas que utiliza estos como motor cinematográfico y metacinematográfico del argumento y la narración; un ingenioso juego de ‘¿quién-es-el-asesino?’ que ya es un icono del cine de terror moderno.

 

– Para los que aprecian una buena pila de cadáveres adolescentes.

– Imprescindible para los que gustan de hurgar en las grietas de los géneros.

 

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