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¿POR QUÉ ES CINE DE CULTO?

* Por ser una propuesta insólita de ciencia-ficción en España.

 

* Por su estupendo reparto.

 

* Por su curiosa mezcla de géneros.

 

* Porque pocas veces tanta ambición ha quedado en tan poco.

 

* Por su merecido fracaso de crítica y público.

 

 

La sociedad española, así como la industria cultural, estaba crecida a principios de los 80, lo que provocó osadías tales como “El Caballero del Dragón”; una superproducción patria (el film español más caro hasta la fecha) de ciencia-ficción medieval con actores internacionales, efectos especiales (buen trabajo de Reyes Abades) y un apreciable diseño de producción (a cargo del gran Félix Murcia) protagonizada por un Miguel Bosé que se miraba en el ambiguo David Bowie de “El hombre que cayó a la tierra” (Nicolas Roeg, 1976). A priori podía haber supuesto un hito histórico del cine español y cambiar la tensa relación que hemos tenido siempre con el cine fantástico; pero el resultado fue un despropósito monumental. La poca experiencia del ambicioso realizador, guionista y productor Fernando Colomo (“La vida alegre”, 1987, “Bajarse al moro”, 1989, o “Los años bárbaros”, 1998), especializado en comedias más o menos ligeras, y ciertos problemas de rodaje (sobre todo relacionados con la irascibilidad de Klaus Kinski); ensombrecieron las virtudes de una propuesta tan original como mal elaborada.

Durante la Edad Media, el enfermo Conde de Rue (José Vivó) es el señor de un castillo europeo perdido en un bosque. Boecius (Klaus Kinski) es un alquimista que además de ejercer como médico del conde dedica mucho tiempo a extraños experimentos. Una noche, lo que parece ser un enorme dragón aparece en la zona, provocando el pánico entre los aldeanos. El dragón es en realidad una nave extraterretre comandada por Ix (Miguel Bosé), un alienígena telépata en misión científica que parece enamorarse de la princesa Alba (Maria Lamor), hija del conde.

Además de la ambición visual y estética de Colomo, este también intentó dotar al guión de profundidad y complejidad conceptual; desarrollando una especie de ejercicio de desmitificación en torno a la leyenda de San Jorge y el Dragón (jugando con el enfrentamiento entre la fe y la razón, la religión y la ciencia). Pero lo cierto es que la torpeza narrativa (con chirriantes toques de humor), de configuración de personajes y las situaciones tirando a infantiles convierten “El Caballero del Dragón” en ingenua y cansina. Con todo esto, estamos ante un film difícil de olvidar, y es que ver a actores como Harvey Keitel, Fernando Rey o un joven Josep Maria Pou en interpretaciones penosas; o contemplar como se derrumba una historia y una temática que podían haber sido grandes; tiene también su atractivo. Una película fallida pero de visión obligada, una rareza inclasificable que merecía mejor suerte. En cierto modo, lo que de verdad nos gustaría ver es un ‘Making of’.

 

– Para coleccionistas de los films más extravangantes del cine español.

– Imprescindible para amantes de la ciencia-ficción de Serie Z (pero con alto presupuesto).

 

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