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Responsable de la fotografía del pionero documental filosófico-poético “Koyaanisqatsi” (Godfrey Reggio, 1982), Ron Fricke (“Chronos”, 1985, “Samsara”, 2011) supera a su, ya magnífico, precedente con esta cinta que recorre todo el mundo para contarnos la historia de La Tierra, de la Humanidad y la a veces difícil relación entre ambas a través únicamente de imágenes y música (con una partitura de Michael Stearns, especialista en música ambiental con sintetizadores). La fuerza narrativa del film reside en la ausencia de voz en off y un espíritu de poema visual que recurre a la geología, biología, misticismo y sociología como fuentes de inspiración. Así, “Baraka” se articula por medio de una sucesión de bellísimas imágenes en torno a paisajes, lugares y grupos humanos (filmados con una delicada y acertada concepción pictórica en 70 mm) que denotan una serie de conceptos que sumergen al espectador en el origen y evolución de la naturaleza humana.

Fricke nos habla de la alienación de la naturaleza a manos del hombre (impresionante la secuencia de los pollos), hace crítica ecologista (con esos inmensos basureros plagados de espigadores) y establece la diferenciación humana en la religiosidad y en la fe (esas escenas de multitudes); todo con una sutileza y una belleza que convierte a “Baraka” en toda una experiencia sensorial a través de paisajes impresionantes, culturas lejanas, construcciones milenarias, entornos tecnológicos y fenómenos de la naturaleza.

Fricke hizo construir una cámara especial para dotar a las líricas secuencias en ‘cámara rápida’ (también las hay en ‘cámara lenta’) de movimientos más complejos; además de utilizar numerosos soportes y técnicas de colocación de las cámaras (travellings, tomas aéreas, …); sacando el mejor partido de lugares como la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalem, el lago Natron en Tanzania, pozos petrolíferos incendiados en Kuwait durante la Guerra del Golfo, la estación Grand Central en Nueva York, la Ciudad de los Muertos en Egipto, un poblado Maasai en Kenya o Angkor Wat en Camboya.

 

– Para curiosos con predilección por el documental poético.

– Imprescindible para aprender a conjugar imagen y sonido.

 

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