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El mismo año que Sergio Leone cerraba su ‘Trilogía del Dólar’ con “El bueno, el feo y el malo” (1966), su homónimo, también romano, Sergio Corbucci rodó nada menos que tres spaghetti westerns; entre ellos la icónica “Django”, nueva revisitación de la trama de “Yojimbo” (Akira Kurosawa, 1961), convertida desde “Por un puñado de dólares” (Sergio Leone, 1964) en un estándar argumental dentro del género. Corbucci daría al género algunas de sus mejores películas (“El gran silencio”, 1968, “Salario para matar”, 1968, o “Los compañeros”, 1970), pero ninguna calaría en el imaginario popular como “Django”; convertido en film de culto gracias a su carismático protagonista (la figura de Django sería explotada en al menos una treintena de films), una violencia y una carga sexual insólita hasta la fecha, la exagerada puesta en escena de Corbucci (que daba otra vuelta de tuerca a las maneras de Leone) o la reverenciada banda sonora de Luis Bacalov.

Vestido con un uniforme de la Unión y arrastrando un ataúd, Django (Franco Nero en su primer papel protagonista) salva cerca de la frontera a una mujer que es atacada por unos mexicanos que trabajan para el cacique local Major Jackson (Eduardo Fajardo), enfrentado al general revolucionario Hugo Rodríguez (José Bódalo).

Django es un antihéroe tragico clásico, un personaje en busca de venganza (como su homónimo de “Django desencadenado”, 2012, de Quentin Tarantino) en el que confluyen los misteriosos justicieros del cine del oeste con esas figuras torturadas que volvían de guerra en para lograr cierta redención por lo que habían tenido que hacer. Si colocas a un personaje como este en un oeste más salvaje y cruel que nunca, lo enfrentas a dos bandas rivales, añades humor negro, ciudades fantasma, prostitutas, una buena cantidad de barro (en vez de el habitual polvo), una ametralladora Gatling y cierto trasfondo político-social; no importará un presupuesto ínfimo, ni unos malos que parecen caricaturas, ni su condición de colección de arquetipos anteriores del género; porque la diversión está asegurada.

 

– Para amantes del western más mugriento y asilvestrado.

– Imprescindible para coleccionistas de los grandes Spaghetti Westerns.

 

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