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Además de ser uno de los máximos representantes del nuevo cine policíaco y de acción de los años 70 gracias a films como “Harry, el sucio” (1971) o “La gran estafa” (1973), Don Siegel (que se había curtido en la televisión y el cine de género) también realizó algunos destacables westerns en una época en la que la popularidad del cine del oeste había decaído; westerns crepusculares como “El último pistolero” (1976), con John Wayne, o un par de muestras atípicas como la extrañamente romántica “El seductor” (1971) o esa suerte de rudo cine de aventuras románticas que es “Dos mulas y una mujer”; con la que Don Siegel se acercaba a las maneras del spaghetti western apoyándose en una estupenda pareja protagonista, un guión repleto de humor y acción (basado en una historia del mito del western de bajo presupuesto Budd Boetticher) y la genial banda sonora del hombre que puso música a los desolados paisajes almerienses de la ‘trilogía del dólar’ de Sergio Leone: Ennio Morricone.

En el México de los enfrentamientos armados entre los seguidores de Juárez y los de Maximiliano de Habsburgo, Hogan (Clint Eastwood), un pistolero que planea el asalto a una fortaleza, salva a una monja (Shirley MacLaine), la cual puede proporcionarle cierta información. Juntos emprenderán un viaje lleno de peligros y situaciones embarazosas.

La presencia de Clint Eastwood (que se convertiría en el actor fetiche de Siegel hasta “Fuga de Alcatraz”, 1979) acentúa el tono de parodia-homenaje al cine del oeste hecho en Europa durante los 60 (hasta su agónica muerte en los 80); y la comedia desenfadada que propone el film nos habla de los nuevos caminos que el western iba tomando para seguir teniendo público (aunque nunca más volvería a gozar del éxito de los años 50). Además el romance imposible entre los protagonistas se convierte, a través de esa tensión sexual no resuelta, en uno de los focos de interés de la película. Don Siegel vuelve a demostrar su capacidad para imprimir agilidad a la narración y solidez al conjunto, algo de lo que Eastwood tomó buena nota en su posterior carrera como realizador.

 

– Para los que se pregunten qué hizo Eastwood cuando volvió de comer sardinas en Almería.

– Imprescindible para interesados en la historia y evolución del western.

 

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