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El remake de la algo olvidada, pero estupenda, “El cabo del terror” (J. Lee Thompson, 1962) que Martin Scorsese llevó a cabo en los 90 no tardó en convertirse en un icono cinematográfico moderno; por su carismático y psicopático protagonista Max Cady, unos diálogos excelentes, suspense estremecedor, una turbia atmósfera claustrofóbica, buenas interpretaciones y un clímax final que se encuentra entre los más intensos de la historia del cine. Martin Scorsese (“Taxi Driver”, 1976, “Uno de los nuestros”, 1990, o “El lobo de Wall Street”, 2013) intensifica el factor erótico y la violencia de este turbio thriller utilizando el personaje de Max Cady como prisma para desplegar el lado más oscuro de la ‘razón’; y a la vez crea una pieza de pura cinefília marca Scorsese por su condición de recuperadora de un clásico menor (encontramos en el reparto a los protagonistas originales: Gregory Peck y Robert Mitchum) y su revisitación postmoderna del cine de los 60.

Cuando Max Cady (Robert De Niro), un delincuente sexual que ha pasado 14 años en la cárcel, sale de prisión decide hacerle una visita al abogado que lo defendió (Nick Nolte). Cady considera que no hizo bien su trabajo así que ahora le va a hacer la vida imposible a el, a su mujer (Jessica Lange) y a su hija (Juliette Lewis).

El guión del a menudo interesante (pero nunca sobresaliente) Wesley Strick nos habla del terror que supone la llegada de la madurez sexual adolescente, de la descomposición familiar y de cómo nunca podemos dejar atrás los errores del pasado; temas que en manos de Scorsese, con su vibrante puesta en escena (y sus magníficos intérpretes), ganan en profundidad y complejidad. Y es que el director de “Casino” (1995) sabe convertir “El cabo del miedo” en un espectáculo visual que bebe más del cine de Alfred Hitchcock (y de “La noche del cazador”, 1955) que del film original (Saul Bass creó los títulos de crédito y los inquietantes acordes que Bernard Herrmann compuso para el film original se repiten en este), logrando un entretenido y contundente ejercicio de terror, más que un retrato criminal realista.

 

– Para amantes de los ‘psycho killers’ carismáticos.

– Imprescindible para entender bien la filmografía de Martin Scorsese.

 

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