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Pocos realizadores han mantenido tal nivel de calidad durante tanto tiempo como Howard Hawks; que desde los últimos años del cine mudo hasta 1970 dirigió decenas de clásicos de Hollywood y al menos quince obras maestras de diversos géneros (“Scarface, el terror del hampa”, 1932, “La fiera de mi niña”, 1938, o “El sueño eterno”, 1946). Así, no es difícil que al final de su carrera Hawks aún fuese capaz de regalarnos films tan potentes como “El Dorado”, suerte de reelaboración-ampliación de “Río Bravo” (1959); ambas parte de la trilogía que se completó con el último film del director: “Río Lobo” (1970). En una época en la que el western estaba de capa caída, Hawks recuperaba el espíritu del cine clásico del oeste: personajes prototípicos pero contundentes, antihéroes con valores; un argumento predecible pero emocionante; tiroteos, sheriffs, caballos y caciques locales; además de la personalidad y el carisma desbordante de sus dos protagonistas.

Cole Thornton (John Wayne) es un pistolero a sueldo que recive una oferta para trabajar con Bart Jason (Ed Asner), un terrateniente sin escrúpulos de El Dorado. J.P. Harrah (Robert Mitchum), sheriff de El Dorado y viejo amigo de Cole, habla con este y lo convence de que rechace el trabajo.

Inevitablemente (entre Hawks, Mitchum y Wayne sumaban más de 180 años), “El Dorado” también tiene un emotivo tono de western crepuscular, de viejas glorias en busca de redención, que convierte el film en una especie de testamento o epílogo de un modo de hacer cine que parecía haberse quedado anticuado en aquella década de revolución contracultural, hippismo y experimentación artística. “El Dorado” también tiene humor, romance y acción, un estupendo reparto secundario (estupendo un joven James Caan, R.G. Armstrong, Paul Fix, …) y la fotografía del mítico Harold Rosson (famoso por su trabajo con el Technicolor en “El mago de Oz”, 1939, o “Cantando bajo la lluvia”, 1952), que abandonó su retiro como favor hacia Hawks; no estamos ante un homenaje, sino una demostración de que los clásicos aún estaban vivos.

 

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