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En menos de tres años la asociación entre el gurú del cine de bajo presupuesto William Castle y el escritor, especializado en novelas de aventuras, Robb White dejó para la posteridad hitos del cine de terror de serie B como “Escalofrío” (1959), “Los trece fantasmas” (1960), “Homicidio” (1961) o “La mansión de los horrores”, un ingenioso y desprejuiciado clásico sobre casas encantadas que ponía de relieve el gusto de Castle por el espectáculo cinematográfico más afectado y su indudable habilidad para convertir las carencias técnicas en virtudes cinematográficas. Y es que la aparente ingenuidad (su estética desfasada, su sencilla puesta en escena, …) de esta atractiva historia sobrenatural que mezcla los dramas criminales de Agatha Christie, los cuentos victorianos de fantasmas y el escorado humor negro de Alfred Hitchcock; esconde una de las personalidades más icónicas, descaradas e irrepetibles de la historia del cine.

Frederick Loren (Vincent Price) y Annabelle (Carol Ohmart) son un matrimonio millonario que reune a cinco desconocidos en una misteriosa casa donde sucedieron unos brutales asesinatos. Si sobreviven una noche en la casa, sin electricidad, recibirán 10.000 dólares. Pronto comienzan a suceder cosas extrañas.

Jugando constantemente con el suspense que crea no saber si lo que presenciamos es un truco o fantasmas reales, Castle tiene tiempo de divertirse combinando diferentes estilos artísticos (por fuera la ‘mansión’ es la histórica Ennis House, diseñada en los años 20 por Frank Lloyd Wight revisitando los códigos de la arquitectura maya, pero por dentro parece un collage de sobras de otras producciones compradas en un mercadillo) y practicando su carismático oportunismo, optimismo y grandilocuencia en aspectos como la promoción (anunciaba su obras de serie B como superproducciones), la proyección (en los cines un esqueleto salía sorpresivamente por un lado de la pantalla en cierto momento de la película) o la dirección de actores (solo la presencia de Vincent Price ya merece un visionado). Cine antiguo, barato y muy recomendable.

 

– Para comparar con su remake (“House on Haunted Hill”, 1999).

– Imprescindible para amantes del cine de terror clásico.

 

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