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En tres años (1984-86), John Hughes dirigió cuatro de los más acertados retratos de la juventud de los 80 (y de siempre), films en los que indagaba en los miedos, las aspiraciones y los deseos de la adolescencia con esmero, gracia y profundidad. Entre la exploración psicológica de “El Club de los Cinco” (1985) y el festivo día sin instituto de Ferris Bueller (“Todo en un día”, 1986), Hughes dirigió este icono de la comedia ochentera en el que el sexo, la informática y los sueños adolescentes se mezclan con desenfado en una trama tan inverosímil como divertida. Versión modernizada de una de las historias de Al Feldstein para “Weird Science” (recopilación de relatos breves de EC Comics, en la línea de “Historias de la Cripta”), “La mujer explosiva” es una inteligente y sensual hipérbole, entre el cartoon y el acertado retrato psicológico adolescente, del creciente uso de los ordenadores personales entre los jóvenes de los 80.

Wyatt (Ilan Mitchell-Smith) y Gary (Anthony Michael Hall) son dos chicos con poco éxito con las chicas que una noche deciden crear con su ordenador una mujer perfecta. Pero su invento no sale como ellos pensaban y la mujer, a la que deciden llamar Lisa (Kelly LeBrock), cobra vida, poniendo sus vidas patas arriba. Lisa conseguirá que la popularidad de Wyatt y Gary suba como la espuma.

Como una de las más originales muestras de ciencia-ficción de la década, que daba al público todo lo que quería ver, y su condición de descarado cine comercial, repleto de caras conocidas (Robert Downey Jr. antes de convertirse en una estrella, Bill Paxton, Michael Berryman, perturbador rostro de “Las colinas tienen ojos”, o el genial malo de los 80 Vernon Wells), secuencias que bordean el surrealismo, una ecléptica banda sonora (con ese mítico ‘Weird Science’ de los Oingo Boingo) y la tórrida presencia del icono sexual de la década Kelly LeBrock (que saltó a la fama con la exitosa “La mujer de rojo”, 1984, de Gene Wilder); “La mujer explosiva” se convirtió en un taquillazo y en una conversación recurrente en los pasillos de los institutos de todo el mundo.

 

– Para repasar los años de adolescencia con una sonrisa en la boca.

– Imprescindible para amantes de las comedias fantásticas con adolescentes.

 

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