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Parecía que todo saldría bien cuando el más grande representante moderno de films de calidad sobre ‘tipos duros’ dirigió su primera película bélica (había dirigido, saliendo siempre bien parado, una ‘de peleas’, “El luchador”, 1975, con Charles Bronson; una de criminales, “Driver”, 1978; o una del oeste, “Forajidos de leyenda”, 1980). Pero “La presa” no fue el éxito que esperaba (aunque funcionó bien en Europa). Y es que no es un film ‘de guerra’ al uso, sino un ‘drama de supervivencia’ que además de proponer un entorno y una serie de situaciones opresivas cargadas de violencia y tragedia; funciona también como una oscura, compleja, claustrofóbica y vibrante metáfora sobre la Guerra de Vietnam. Por ello los espectadores de la época se sintieron un tanto incómodos con esta perturbadora e irónica mezcla de acción, thriller y guerra que se desarrolla dentro de las fronteras estadounidenses.

“La presa” cuenta la incursión de unos reservistas de la Guardia Nacional en una zona pantanosa de Louisiana para realizar unas prácticas de fin de semana. Allí entrarán en conflicto con unos lugareños, lo que pondrá en peligro sus vidas.

Al igual que en “The Warriors” (1979), Walter Hill volvía a inspirarse en la “Anabasis” de Jenofonte (relato sobre el regreso de una expedición militar griega desde Asia Menor hasta Grecia en el siglo IV a.C.) para conformar el argumento de una película que puede extender simbólicamente su propuesta a todas las guerras modernas, caracterizadas por ocupar zonas con fines ‘pacíficos’, lo que provoca un enfrentamiento entre tecnificados soldados profesionales invasores y cabreadas e inexpertas guerrilas de oriundos. “La presa” cuenta también con un excelente reparto (Keith Carradine, Powers Boothe, Fred Ward, Brion James o Peter Coyote) que le da credibilidad e interés, además de una acertada puesta en escena que crea una atmósfera inquietante a la que ayuda una banda sonora del siempre interesante Ry Cooder explorando la música cajún (el pueblo cajún, de origen francés, había sido reconocido como tal por el gobierno de los EE.UU. solo un año antes).

 

– Para exploradores de ciénagas y cazadores de hombres.

– Imprescindible para supervivientes que creen en el karma.

 

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