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Aunque comenzó su carrera como guionista a mediados de los 70, el cineasta francés Jacques Audiard se dio a conocer como director a tener en cuenta en los 90 con films como la apreciable “Un héroe muy discreto” (1996). Tras demostrar su buen pulso para el drama criminal con “Lee mis labios” (2001) y “De latir mi corazón se ha parado” (2005), Audiard rodó esta destacable fusión de creíble cine de gangsters (con su habitual ascenso en la jerarquía criminal) con influencias de Scorsese y crudo cine carcelario. A pesar de que su historia pueda resultar un tanto predecible, “Un profeta” está rodada con vigor, narrada ágilmente (aunque no hay que olvidar que es cine francés, con lo que ello implica) y con un tratamiento concienzudo de los personajes. Por ello, sin poseer acción trepidante ni sorprendentes giros argumentales, “Un profeta” sabe sacar partido a este cruel cuento iniciático-penitenciario, a este intenso relato del traumático paso a la ‘edad adulta’.

La cámara de Audiard persigue incansablemente a Malik El Djebena (un estupendo Tahar Rahim), un joven francés analfabeto de 19 años que ha sido condenado a 6 años de cárcel. Controlada por dos grupos rivales (los corsos y los musulmanes), la prisión pondrá a prueba el instinto de supervivencia de Malik.

“Un profeta” también tiene algo de parábola de la sociedad francesa contemporánea; pero a pesar de que el film provoca ciertas preguntas en torno a las causas y las consecuencias de la historia, no hay moralinas, ni una verdadera crítica de la marginación social o el estado de las prisiones, es más un retrato minucioso de la organización social de una cárcel. Además cierto lirismo que evoca a Jean Genet (el poeta francés dirigió su propio film carcelario: “Un chant d’amour”, 1950) irrumpe en el sucio realismo del film con una serie de secuencias oníricas. Actores desconocidos (además de otros no profesionales, como ex-presidiarios), violencia física y psicológica, cierta frialdad en la mirada de Audiard y sus dos horas y media de metraje, pueden echar atrás a algunos espectadores; los que aguanten lo agradecerán.

 

– Para seguidores del nuevo cine francés.

– Imprescindible para ‘padrinófilos’ en busca de nuevas sensaciones.

 

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