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Considerada la primera película realmente de Alfred Hitchcock (que entonces tenía 28 años), “El enemigo de las rubias” no solo contiene su primer cameo, sino que podemos encontrar ya muchas de las constantes habituales del cine posterior del director (fetichismo sexual, el falso culpable, voyeurismo, mujeres rubias, humor negro, …). Inspirado en los crímenes reales de Jack el Destripador, este sombrío y angustioso drama criminal mudo se mueve entre una concepción visual heredada del expresionismo alemán (la iluminación, los ángulos de cámara, …); un argumento que ayudó a configurar y establecer las bases del thriller cinematográfico; y el afán de experimentación formal (la secuencia rodada bajo un suelo trasparente, …) que el director de “Psicosis” (1960) exhibiría en su extensa carrera. Su excelente atmósfera ya demostraba la mano de Hitchcock con el suspense, armado de tensión sexual, ironía y mucho ingenio.

Un misterioso hombre (la estrella británica del momento, el cantautor y actor Ivor Novello) llega a una casa de huéspedes en medio de una serie de asesinatos de mujeres rubias en la ciudad. Sus extraños comportamientos lo llevan a convertirse rápidamente en el principal sospechoso.

Aunque aún era prácticamente un director novel (era su tercer film), Hitchcock sabe mantener en tensión al espectador con la duda sobre la culpabilidad del protagonista; creando sonido a través de las imágenes, del montaje. Y es que es su poderosa personalidad la que hace de esta pionera del cine de asesinos en serie (Hitchcock revisitaría el film con “Frenesí”, 1972), no carente de cierta crítica social (esa sociedad hambrienta de culpables), una disfrutable experiencia cinematográfica; el granito de arena del maestro del suspense a la mitología de Jack el Destripador. “El enemigo de las rubias” contaba con gran cantidad de intertítulos, lo que demuestra que a Hitchcock se le quedaba ya corto el cine mudo (su primer film sonoro: “Chantaje”, 1929). Y a pesar de no ser una obra maestra contiene escenas en las que es palpable su genio.

 

– Para interesados en el lenguaje del cine mudo.

– Imprescindible para explorar los orígenes de Alfred Hitchcock.

 

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