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Como corresponde a la avidez comercial del mago de la ‘serie B’ Roger Corman (“La pequeña tienda de los horrores”, 1960, o “El hombre con rayos X en los ojos”, 1963), el éxito de “La caída de la casa Usher” (1960) provocó la llegada de una serie de adaptaciones más o menos libres de la obra de Edgar Allan Poe; logrando algunos hitos del cine de terror de los 60 como “La máscara de la muerte roja” (1964), “El cuervo” (1963), “Historias de terror” (1962) o “El péndulo de la muerte”, una siniestra mirada a la Inquisición Española que utiliza el relato corto “El pozo y el péndulo” como escusa para desarrollar una historia de horror gótico impregnada de ironía por el célebre y prolífico escritor de terror y ciencia-ficción Richard Matheson (cómplice de Corman en su periplo por la obra de Poe, y autor de “El increíble hombre menguante”, 1957, de Jack Arnold).

En el siglo XVI, Francis Barnard (John Kerr) es un inglés que visita a su cuñado Nicholas Medina (Vincent Price) en su castillo de España. Allí intentará desvelar las causas de la muerte de su hermana Elizabeth (Barbara Steele), descubriendo que su muerte no se debía a una enfermedad de la sangre, como Nicholas había dicho.

A pesar de que fue la retorcida herramienta de tortura del título (y el nombre de Poe, claro) la que llevó a la gente a los cines, “El péndulo de la muerte” contiene suficientes virtudes como para mantener hoy día el estatus de clásico del cine de terror: una dirección artística magnífica para estar hecha a partir de recortes de producciones de los grandes estudios; una intrigante y escalofriante atmósfera que evoca fielmente el espíritu de Poe; la habilidad desprejuiciada de Roger Corman con la cámara y con la producción; un guión, más inteligente de lo que parece, que acelera el ritmo en su último tercio; o, por supuesto, la magnética interpretación (bordeando lo paródico) del icónico Vincent Price, que se sumerge en su inquietante personaje con sabiduría y placer. No es difícil encontrar fallos y defectos en “El péndulo de la muerte”, pero tampoco lo es dejarse llevar por su carismático juego de suspense y terror.

 

– Para Para admirar la categoría de Roger Corman (que solo en el lustro de 1960 a 1964 dirigió más de 20 largometrajes y al menos una decena de clásicos).

– Imprescindible para los amantes de la obra de Edgar Allan Poe..

 

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