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Aunque en España no ha gozado de la fama que tiene en su país (tanto por sus idiosincrasias yanquis como por su tendencia a la idiotez extrema) el cine de Will Ferrer, construido a base de parodias postmodernas y absurdas de argumentos prototípicos (“Movida en el Roxbury”, 1998, de John Fortenberry, o “Pasados de vueltas”, 2006, y “Hermanos por pelotas”, 2008, ambas dirigidas por su compinche Adam McKay), ha demostrado tener una personalidad propia entre la estupidez nihilista, la referencia hortera y cierta incorrección política; además de constatar que la cantera del Saturday Night Live aún tenía mucho que decir. Aunque en su conjunto “El reportero: la leyenda de Ron Burgundy” puede resultar una comedia comercial más, poco original y previsible; el acierto del film se encuentra en sus partes: un recital de gags que van de lo puramente grosero a la réplica absurda y unos carismáticos personajes que compiten por ver quien tiene menos nivel intelectual.

En los 70, Ron Burgundy (Will Ferrer) es uno de los presentadores estrella de un noticiario de San Diego. Machista y creído, Burgundy se sorprende cuando le dicen que va a trabajar con una periodista inteligente y ambiciosa (Christina Applegate), aunque pronto descubrirá que una mujer puede hacerlo incluso mejor que el.

Aunque sea una pieza clave de la comedia americana comercial del siglo XXI, es un film divertido sin más, para ver sin expectativas, desenchufando el cerebro y dejándonos llevar por sus alocados secundarios (estupendos Paul Rudd, Steve Carrell o David Koecher); por su cuidado apartado visual (que hace que los estrambóticos personajes destaquen más en ese entorno que evoca unos idealizados años 70); por sus tronchantes situaciones, entre surrealistas y satíricas, vertebradas en la recurrida ‘batalla de sexos’; por su pegadizo colegueo; y por ese trasfondo de crítica a los medios de comunicación (que no creo que ni Will Ferrer se tome en serio). Hará las delicias de los amantes de la comedia americana moderna (de los seguidores de Ben Stiller o Seth Rogen), pero defraudará a los espectadores más delicados.

 

– Para interesados en las grandes figuras surgidas de ese hito del humor televisivo que es el SNL.

– Imprescindible para los que se pregunten qué es la ‘parodia postmoderna’.

 

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