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La enorme popularidad del Spaghetti Western a finales de los 60 y el éxito que comenzaban a obtener las películas de artes marciales en occidente provocaron extravagancias tan entretenidas como “Sol Rojo”, un pastiche genérico en el que no falta acción (persecuciones y tiroteos bien planteados), aventuras y humor (con un típico argumento de contraposición cultural no carente de gracia y carisma). A pesar de ser mucho más disfrutable para el público ya entrenado en los códigos del western y del cine de samuráis, esta violenta, cruda y sucia (como corresponde al spaghetti western) coproducción franco-italo-española rodada en el imprescindible desierto de Tabernas tiene suficientes atractivos para hacer pasar un buen rato a cualquiera: su trama de ‘buddy movie’ (la relación entre los protagonistas, Bronson y Mifune, que pasa por la típicas fases, desde enemistad a amistad), su vistoso reparto de estrellas internacionales de diversas índoles (buscando atraer a la mayor cantidad de público posible) o cierta estilización estética (desde la presentación inicial de los personajes en el tren hasta el duelo final).

En 1870, Link Stuart (Charles Bronson), un ladrón de trenes traicionado por la banda de Gauche (Alain Delon), y Kuroda Jubie (Toshirô Mifune), un samurái en busca de venganza, tendrán que unir fuerzas para recuperar una espada que el embajador japonés iba a regalar al presidente.

El correcto trabajo del británico Terence Young (“Agente 007 contra el Dr. No”, 10962, o “Sola en la oscuridad”, 1967) ayuda a disfrutar de esta oda pulp a la relación y los paralelismos que siempre ha habido entre el cine del oeste y el de samuráis, que opone la amoralidad y el salvajismo del americano con el respeto a las normas morales y el honor del japonés. Y a pesar de que se podía haber aprovechado mucho más su curiosa premisa, sigue siendo una gozada ver la química entre Bronson y Mifune, escuchar la banda sonora del gran Maurice Jarre o pasear por el trabajo fotográfico del mítico Henri Alekan (“La bella y la bestia”, 1946, o “Vacaciones en Roma”, 1953).

 

– Para seguidores de las mezclas de géneros con carisma.

– Imprescindible para coleccionistas de los Spaghetti Westerns más extravagantes.

 

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