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Tras huir de la Alemania nazi y convertirse en uno de los animadores más importantes de Hollywood gracias a sus cortos con marionetas (nominado en siete ocasiones, fue galardonado con un Oscar especial por sus innovadoras técnicas), el mítico cineasta George Pal (“El tiempo en sus manos”, 1960) produjo una serie de exitosos largometrajes que intentaban ser un reflejo de la ‘ciencia-ficción dura’ literaria (que daba más importancia a los detalles técnicos y científicos). Así, llegaron clásicos como “Cuando los mundos chocan” (Rudolph Maté, 1951), “La guerra de los mundos” (Byron Haskin, 1953) o “Con destino a la luna”, una mirada realista y original a los viajes espaciales en la que la logística parece más importante que el drama. No obstante no faltan unos entrañables, y oscarizados, efectos especiales (avanzados para la época), un atractivo y verosímil diseño de producción y unas cuantas aventuras que nos trasladan inmediatamente a la época dorada del género.

Después de que el gobierno deje de financiar sus investigaciones, el científico Charles Cargraves (Warner Anderson), el general Thayer (Tom Powers) y el empresario aeronáutico Jim Barnes (John Archer) unen sus fuerzas para construir un cohete en el que viajar a la luna.

El encargado de orquestar este hito de la ciencia-ficción de los 50 (a pesar de no contener monstruos gigantes, energía nuclear o amenaza comunista implícita) fue el especialista en cine de aventuras Irving Pichel (“El malvado Zaroff”, 1932, o “La diosa de fuego”, 1935), que puso su profesionalidad artesanal al servicio de un guión que no solo se inspiraba en un relato de la leyenda de la ciencia-ficción literaria Robert A. Heinlein; sino que este también participó en la redacción, dejando en el argumento muchos de los rasgos del autor (su interés por la administración, la economía o la organización). Pero además de las numerosas virtudes de la que Isaac Asimov calificó como la ‘primera película de ciencia-ficción inteligente’, también encontraremos en ella un insólito cartoon educativo protagonizado por el mismísimo Pájaro Loco.

 

– Para los que confían en el poder anticipatorio de la ciencia-ficción.

– Imprescindible interesados en la ciencia-ficción clásica.

 

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