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Tras revolucionar los programas infantiles de medio mundo en los 70 con “Barrio Sésamo” (1969-90) y extender el éxito a los 80 con series como “Fraggle Rock” (1983-85) o “El Cuentacuentos” (1988), el cerebro detrás de Gustavo, Peggy y la Gallina Caponata seguía queriendo tener un verdadero éxito en el cine aparte de los films de los Teleñecos (en 1982 la ambiciosa y apreciable “Cristal Oscuro” fue un sonado fracaso). Pero ni el sencillo (aunque imaginativo) guión del Monty Python Terry Jones (con algunas dosis de su ironía y humor ladino habitual), ni la generosa producción de George Lucas, ni un reparto liderado por la rutilante estrella del pop David Bowie (que también compuso cinco canciones para el film), ni el prodigio de personajes y escenarios de Jim Henson consiguieron que esta excelente muestra de aventuras fantásticas fuera un éxito inmediato (aunque con el tiempo se ha convertido en un film de culto con millones de admiradores).

Sarah (una joven Jennifer Connelly) ha de quedarse cuidando de su hermano pequeño muy a su pesar. Todo se complicará cuando unos duendes lo secuestren y se lo entreguen al retorcido Rey Jareth (David Bowie), el cual se encuentra en lo más profundo de un peligroso laberinto que Sarah tendrá que recorrer para salvar a su hermano.

“Dentro del laberinto” es todo un catálogo de lo que se podía hacer con marionetas, disfraces, látex, efectos especiales analógicos y mucho ingenio, antes de la revolución digital, durante los ya lejanos años 80. Con “El mago de Oz” y “Alicia en el País de las Maravillas” como influencias obvias, “Dentro del laberinto” es algo más que una entrañable muestra del mejor cine para todos los públicos; es un sugerente espectáculo visual que bebe de la fantasía heroica, de los cuentos de hadas, de autores modernos como Michael Ende o Maurice Sedak, incluso de M.C. Escher (en una persecución musical con Bowie cantando ‘Within you’); y una simbólica (a veces oscura, otras surrealista) historia en torno a la pérdida de la inocencia, una metáfora del difícil paso de niña a mujer.

 

– Para amantes de las fantasías originales y de la nostalgia ochentera.

– Imprescindible para los que se pregunten porqué David Bowie no ha hecho más cine.

 

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