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Siempre interesado en el mundo del cine (en los 70 ya había dirigido un par de cortometrajes), el escritor especializado en terror y fantasía Clive Barker (adaptado en films de culto como “Candyman”, 1992, de Bernard Rose, o “Razas de noche”, 1990, del mismo Barker) trasladó su propia novela a este irregular film, enmarcado temporalmente en una ola de cine de horror adolescente de baja calidad, que supo jugar sus bazas para convertirse en una apreciable obra de culto repleta de violencia, sangre, sadomasoquismo, muertos que vuelven del limbo y una serie de monstruos que se han convertido en iconos del cine (sobre todo el estéticamente carismático líder de los cenobitas: Pinhead). Como amante del género, Barker mezcla influencias que van de H.P. Lovecraft a Stephen King, pasando por el cine de casas encantadas y de cultos satánicos; logrando una atmósfera que se beneficia de su siniestra dirección artística, su gótica banda sonora y su ingenioso maquillaje.

Frank Cotton (Sean Chapman) es un joven que adquiere una misteriosa caja que al ser manipulada invoca a unos pesadillescos seres que los despedazan con ganchos y cadenas. Cuando su hermano (Andrew Robinson) se traslada a la casa donde murió Frank con su familia, hará que este vuelva a la vida en forma de un horrible zombie, y no será el único en aparecer.

Aunque la dirección de Barker es un tanto ingenua, el film cuenta con suficientes aciertos (los personajes son bastante creíbles y la siniestra estética y diseño de los personajes es memorable) como para ser una pieza fundamental en el panorama del cine de terror de los 80; una joya para públicos selectos que triunfó en los más importantes festivales de cine fantástico (Avoriaz, Fantasporto o Sitges) y gozó de un éxito arrollador en taquilla (y videoclubs, claro) que dio lugar a una serie de al menos nueve secuelas de calidad descendente y un anunciado remake (además de numerosos cómics). Tal vez “Hellraiser” no desarrolle con profundidad los sórdidos temas de la novela (muerte, lujuria, dolor, placer, …), pero es un entretenimiento más que digno.

 

– Para amantes de una de las sagas de terror de los 80 más maltratada.

– Imprescindible para entender porqué Pinhead se convirtió en un icono.

 

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