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Convertido ya en uno de los autores más exitosos de Broadway, el dramaturgo Neil Simon invadió a finales de los 60 las pantallas cinematográficas; logrando destacables clásicos de la comedia moderna tanto con guiones originales (“Un cadáver a los postres”, 1976) como con adaptaciones de sus obras teatrales (“La pareja chiflada”, 1975). A esta última categoría pertenece la segunda colaboración de Simon con el actor y director Gene Saks (tras “Descalzos por el parque”, 1967); una estupenda comedia de incompatibilidad de caracteres y convivencia problemática que obtiene gran parte de su carisma de su inmejorable pareja protagonista (que ya habían demostrado su química en “En bandeja de plata”, 1966, de Billy Wilder). Así, gracias a Saks y unas inspiradas interpretaciones, la habilidad de Simon para crear situaciones humorísticas (además de divertidos y ágiles diálogos cargados de cinismo y amargura) funciona a la perfección en la pantalla grande.

A pesar de tener dos personalidades totalmente opuestas, Felix (Jack Lemmon) y Oscar (Walter Matthau) deciden vivir juntos después de que al primero lo abandone su mujer. Felix es muy ordenado y limpio, mientras que Oscar es mucho más despreocupado, así que no tardan en aparecer los problemas.

Con una acertada puesta en escena (añadiendo exteriores o moviendo inteligentemente la cámara) Gene Saks supo alejarse suficientemente del origen teatral de la historia; a la vez que el colorido technicolor intensifica la fuerza cromática del vesturario y los escenarios y la pegadiza melodía de Neal Hefti (autor también de la masivamente tarareada sintonía de la serie “Batman”, 1966-68) se graba en la mente de los espectadores. Todos estos elementos afianzaron la popularidad de la película, cuyo éxito dio lugar a la telecomedia homónima (1970-75) y a una tardía, pero entretenida, secuela (“La extraña pareja, otra vez”, 1998, de Howard Deutch). Jack Lemmon y Walter Matthau se volvieron formar pareja cómica en destacables films como “Primera plana” (Billy Wilder, 1974) o “Dos viejos gruñones” (Donald Petrie, 1992).

 

– Para amantes de la comedia ácida.

– Imprescindible para acercarse a una de las mejores parejas de la comedia moderna.

 

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