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El hasta entonces cortometrajista francés Gaspar Noé (“Irreversible”, 2002, “Enter the Void”, 2009, o “Love”, 2015) se ponía de largo con este drama criminal en el que desarrollaba sus obsesiones acerca de la relatividad moral, la brutalidad de las reacciones a emociones primitivas y la sexualidad como método de represión y motor del mundo. Con el insobornable espíritu provocador y visceral de Noé en estado puro “Solo contra todos” propone un intenso discurso sobre la amoralidad y la injusticia donde el director (y guionista) no propone soluciones ni juzga a sus personajes; solo observa crudamente esta espiral de violencia mediante encuadres y planos con una tremenda fuerza visual (mezclando los 16 mm con el CinemaScope), intentando despertar algo en las entrañas de los espectadores, incomodarlos y hacerlos pensar.

“Solo contra todos” nos cuenta la historia de un carnicero (un imponente Philippe Nahon), al que su mujer ha abandonado, que entra en cólera cuando a su hija le viene la regla. Pensando que la han violado, el carnicero busca venganza y termina en la cárcel por agredir a un inocente.

Como en el mejor cine de autor, Gaspar Noé vierte su particular universo visual y conceptual sin cortapisas (además el carnicero tendría una breve aparición en “Irreversible”, 2002). Así, logra una narración explosiva a base de planos fijos rasgados por espasmódicos movimientos de cámara, ruido y una fotografía tan amarga como su argumento (básicamente un remake de su premiado corto “Carne”, 1991); a la vez que nos sumerge con rabia, lujuria contenida y ensañamiento en una serie de temas tan radicales como vitales. Como en toda su filmografía posterior, Noé coquetea en “Solo contra todos” con el cine experimental (esos redundantes intertítulos, su uso del monólogo interior, …) recurriendo a un lenguaje cinematográfico innovador para confeccionar una sangrienta estampa simbólica de la sociedad moderna, de la clase trabajadora (representada en esa rabia y odio que no puede más que terminar en un retorcido y necesario clímax de redención).

 

– Para cualquiera que no tenga miedo a historias truculentas.

– Imprescindible para los que disfrutaron con ese ejercicio de estilo y declaración de intenciones que fue “Irreversible”.

 

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