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Aunque anteriormente el cine de desastres reales (“San Francisco”, 1936, de W.S. Van Dyke) o la ciencia-ficción de los 50 (“Cuando los mundos chocan”, 1951, de Rudolph Maté) se habían acercado al tema, “Aeropuerto” fue la verdadera impulsora de un subgénero que reinó en las salas de cine de los 70 (“La aventura del Poseidón”, 1972, de Ronald Neame, o “El coloso en llamas”, 1974, de John Guillermin). Así, prototípo del cine de catástrofes aéreas, “Aeropuerto” estableció las bases de lo que serían las ‘disaster movies’ hasta la actualidad (reparto coral plagado de estrellas, el uso de diversos géneros, sacrificio, distintas clases sociales conviviendo, …). Superproducción técnicamente impecable, con una cuidada ambientación que busca el realismo, “Aeropuerto” combina drama, comedia, romance, suspense y acción; dividiendo la trama en dos partes: una en la que se nos muestra el funcionamiento de un aeropuerto; y otra en la que se desarrolla la ‘catástrofe’ propiamente dicha.

El film se centra en los problemas que surgen en un aeropuerto durante una intensa tormenta de nieve. Por si fuera poco, un suicida quiere hacer estallar un Boeing 707 en medio del Atlántico.

Basada en la novela homónima de Arthur Hailey; el encargado de ponerlo en imágenes fue el doblemente oscarizado George Seaton, buen director (“De ilusión también se vive”, 1947, o “La angustia de vivir”, 1954) y mejor guionista (“Un día en las carreras”, 1937, de Sam Wood o “La canción de Bernadette”, 1943, de Henry King). Además de un espectacular plantel actoral (Burt Lancaster, Dean Martin, Jean Seberg, George Kennedy, el único que aparece en las cuatro entregas de la saga ‘Aeropuerto’, Maureen Stapleton, Van Heflin o Helen Hayes, que logró el Oscar a la mejor secundaria) y una vibrante banda sonora de Alfred Newman. Tal vez le falte la fuerza que luego se convertiría en estandarte del género (Seaton opta más por la corrección y la elegancia), pero fue un inmenso éxito que dio lugar a tres secuelas (comparten premisa, pero solo un personaje personaje secundario) de inferior calidad.

 

– Para ver en una sesión doble con “¡Aterriza como puedas!” (1980).

– Imprescindible para interesados en el cine de catástrofes.

 

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