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Aunque el regreso de José Luis Cuerda (“El bosque animado”, 1987, o “La lengua de las mariposas”, 1999) a la comedia surrealista española (que había fundado con el mediometraje para televisión “Total”, 1983) no tuvo la repercusión de la celebérrima “Amanece, que no es poco” (1989), la verdad es que estamos ante una divertidísima y delirante reflexión sobre la moral, la religión, la sociedad y el ser humano (ese pequeño pueblo de la España profunda que es una sinécdoque del mundo entero) en la que con ingenio y cariño se combinan el humor absurdo de los hermanos Marx, el gusto por la referencia culta de los Monty Python o la desfachatez hilarante de los Zucker/Abrahams/Zucker con las tradiciones y la idiosincrasia más puramente española. Un relato costumbrista rural de enredos varios con trasfondo épico-religioso abundante en agudos diálogos con segundas lecturas y personajes tronchantes.

El film está ambientado en el Cielo que se encuentra encima de la península ibérica. Allí Dios es el alcalde (Fernando Fernán Gómez) de un típico pueblo español de la serranía y San Pedro es el guardia civil (Francisco Rabal). Un día llega al Cielo Matacanes (un impagable Luis Ciges), un borrachín que creía que el Apocalípsis había llegado. Jesús (Jesús Bonilla) convence entonces a su padre de que lo que necesita la tierra es un Juicio Final.

Con un irrepetible reparto con todos los grandes secundarios del cine español (Agustín González, Manuel Alexandre, Chus Lampreave, Gabino Diego, Enrique San Francisco, Álex Angulo, …) Cuerda consigue imprimir un humanismo paródico impensable a las figuras divinas, llenándolos de dudas y miserias, como sus homólogos de la tierra (con algunas situaciones verdaderamente ingeniosas). Más allá de su curiosa premisa, “Así en el cielo como en la tierra” es una entretenidacomedia como pocas que se hayan hecho en España; una ‘rara avis’ entre el panorama de comedias románticas que pueblan el género; una pena que nadie le haya tomado el relevo a Cuerda (y que Cuerda no haya vuelto a dirigir una comedia).

 

– Para reírse un rato de los clichés religiosos.

– Imprescindible para una sesión doble con “Amanece que no es poco”.

 

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