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A pesar de los intentos de Alfred Hitchcock por evitarlo, “Atrapa a un ladrón” fue la última película (tras “La ventana indiscreta”, 1954, y “Crimen perfecto”, 1954) en la que Grace Kelly trabajó para el orondo realizador británico (dejó el cine al año siguiente, con 26 años, para casarse con el príncipe Rainiero III de Mónaco). El maestro del suspense se adentra en el universo de los ladrones de guante blanco, haciendo un descanso de la sordidez de sus films anteriores, deleitándose con los hermosos paisajes de la Riviera francesa y mezclando con su soltura habitual romance, crimen, comedia y, como no, intriga. A menudo considerado un film menor de Hitchcock (sin duda debido a la gran cantidad de obras maestras con las que cuenta), “Atrapa a un ladrón” cuenta con el siempre magnífico trabajo de cámara y puesta en escena del director de “Psicosis” (1960), unos diálogos que en boca de Kelly y Grant resultan tan afilados como elegantes, una estupenda banda sonora que nos sumerge en esa costa mediterránea alimentada de lujo y decadencia, además de muchas de las constantes en el cine ‘hitchcockiano’ (la rubia protagonista, el falso culpable, …).

John Robie (un Gary Grant entrado en años al que aún le esperaban obras maestras como “Tú y yo”, 1957, “Con la muerte en los talones”, 1959, o “Charada”, 1963) es un ladrón que vive retirado en la Costa Azul, pero una serie de robos cometidos por alguien que parece imitar su estilo provocarán que Robie vuelva a estar en el punto de mira de la justicia.

Tras un refinado aspecto, “Atrapa a un ladrón” esconde la tensión sexual, los engaños y las falsas apariencias que siempre han acompañado el cine de Hitchcock; pero demuestra también, junto a su inseparable director de fotografía Robert Burks, su interés por los aspectos estéticos y visuales (rueda por primera vez en VistaVisión, una variedad de los 35mm); además de desarrollar un discurso sobre las dificultades para dejar atrás el pasado. Tal vez su ritmo no esté a la altura de otras obras del maestro (es más sutil y melancólica), pero merece la pena.

 

– Para mitómanos de la época dorada de Hollywood y sus estrellas.

– Imprescindible para los aficionados a los elegantes ladrones de guante blanco.

 

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