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Aunque algo desprestigiada por ser considerada una versión blusera de “Karate Kid”, lo cierto es que “Cruce de Caminos” es una excelente ‘road movie’ con toques fantásticos que se aleja de los tópicos del cine adolescente de superación para adentrarse en la mitología del Blues, acompañada de una soberbia banda sonora de Ry Cooder y unas interpretaciones brutales del guitarrista Steve Vai. A través del rudo y efectivo estilo de Walter Hill (“El luchador”, 1975, “Los amos de la noche”, 1979, o “Traición sin límites”, 1987) y de unas buenas interpretaciones; el guión del principiante John Fusco (“Arma Joven”, 1986, de Christopher Cain) se erige en una suerte de melómano relato iniciático que juguetea con lo fantástico y reflexiona sobre qué es lo que te convierte en un buen artista. Una menospreciada joya del cine ochentero que asimila y renueva el espíritu de la múcsica popular americana.

Eugene Martone (Ralph Macchio) es un joven pero virtuoso guitarrista fascinado por Robert Johnson, un legendario guitarrista de blues. Su fascinación lo lleva a emprender un viaje hasta Mississippi junto a un viejo (Joe Seneca) que tocó con Johnson y que puede enseñarle a tocar como su ídolo. Por el camino conocerán a Frances (Jami Gertz), una joven de la que Eugene se enamorará.

Con la leyenda de Robert Johnson (de como vendió su alma al diablo para alcanzar la perfección tocando blues) como hilo conductor y una serie de excelentes números musicales e icónicos paisajes sureños (como ese cruce de caminos donde se realizan los pactos con el diablo), “Cruce de Caminos” se convirtió en una celebración del blues (clásico y moderno) además de un buen retrato psicológico del paso a la edad adulta (física y artística) y en un film de culto para todo aficionado a la buena música. Pero también fue una nueva constatación del gusto por Walter Hill por ahondar en la tradición americana con afán mitificador (las bandas callejeras neoyorquinas, los forajidos del salvaje oeste, …), regalándonos un genuino ‘crossover’ de géneros, referencias cinéfilas, disciplinas artísticas, …

 

– Para coleccionistas de joyas olvidadas de los 80.

– Imprescindible para amantes del Blues en cualquiera de sus formas.

 

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