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Aunque su carrera no ha alcanzado las cotas de algunos de sus contemporáneos (como Todd Solondz, Gregg Araki o Hal Hartley), la ópera prima de Neil LaBute (“Persiguiendo a Betty”, 2000, o “Por amor al arte”, 2003) fue uno de las más brutales y despiadadas muestras del cine independiente americano de los 90 (premiado, por supuesto, en Sundance). Y es que “En compañía de hombres” es un ejemplo genial del trabajo de esa generación de cineastas independientes de finales de la década que se dedicaron a diseccionar sin compasión la alienada sociedad moderna y sus grandes instituciones (la familia, las relaciones de pareja, …); la obra que colocó a LaBute en lo alto del candelero indie (aunque su carrera fue desinflándose desde la aún apreciablemente cruel radiografía social “Amigos & Vecinos”, 1998). Sátira enfermiza de los roles de género, de la inseguridad masculina y el afán de competición y autoafirmación; el film es una comedia negrísima (o un drama irónico) que hace un recorrido insano por la idiosincrasia machista, la hipocresía, la maldad y la degradación moral.

Chad (Aaron Eckhart) y Howard (Matt Malloy) son dos hombres resentidos con las mujeres que planean enamorar a una mujer y luego abandonarla. La víctima será (Stacy Edwards), una compañera sorda de la oficina.

Basada en una obra teatral del propio LaBute (lo que explica sus numerosos diálogos, a veces algo redundantes, y su estática puesta en escena), la película lanzó a la fama a Aaron Eckhart (el Harvey Dent de “El Caballero Oscuro”, 2008, de Christopher Nolan), que borda su papel de misógino sin escrúpulos, manipulador y narcisista. “En compañía de hombres” es un pesimista estudio sobre la condición humana, pero también es una mirada a la clase media alta, a los hombres de negocios que configuran el modelo de éxito de la sociedad moderna; utilizándolos como incisivo símbolo de la maldad en estado puro. LaBute no es amable, ni complaciente, parece interesarse poco por los aspectos visuales, pero sin duda firma una película que tardarás mucho tiempo en olvidar.

 

– Para los que no tienen miedo del cine ‘desagradable pero cierto’.

– Imprescindible para los que aún relacionan el cine independiente con el ‘cine gafapasta’.

 

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