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Tras su exitoso “Decálogo” (diez mediometrajes para televisión, emitidos entre 1989 y 1990, que lo convirtieron en el centro de las miradas en los festivales europeos), Kieslowski consiguió financiación fuera de Polonia (en Francia, a la que dedicaría sus tres siguientes y últimas películas; “Azul”, 1993, “Blanco”, 1994, y “Rojo”, 1995) para rodar este drama melómano con toques fantásticos que sigue arraigado a la cultura polaca, sus cicatrices y su condición de ‘satélite soviético’ al otro lado del ‘telón de acero’. Y es que “La doble vida de Verónica” es una profunda reflexión filosófica sobre la soledad, las emociones y la condición femenina; pero también es una alegoría político-social en la que a través de un ambiente entre real e irreal se explora el paralelismo entre las dos europas (oriental y occidental). Auténtico cine moderno de autor en el que Kieslowski y sus colaboradores vertieron todo lo que habían aprendido durante la década de los 80.

Weronika y Véronique (ambas Irène Jacob) son dos jóvenes que nacieron el mismo día, se parecen físicamente (tienen el mismo problema cardíaco) y adoran la música con igual pasión, pero no se conocen, una vive en Polonia y otra en Francia.

La operística banda sonora de Zbigniew Preisner (firmada por un tal Van den Budenmayer, un ficticio compositor del siglo XVIII) y la enrarecida fotografía de Slawomir Idziak (que usó filtros y una gama de colores que crean una atmósfera casi sobrenatural) demostraban los intereses artísticos del realizador; pero Kieslowski también gusta de experimentar narrativa (el argumento desdoblado, su escasez de diálogos, las marionetas, el uso de la música, …) y temáticamente (su bipolar exploración psicológica, su inteligente y poético discurso político y filosófico, su mirada femenina en torno a temas como el sexo, …). “La doble vida de Verónica” es una película que invita al espectador a reflexionar, una joya contemplativa de una belleza mágica que llevó a Kieslowski a ser premiado de nuevo (tras “No matarás”, 1988) en el prestigioso festival de Cannes (tres galardones, incluido mejor actriz).

 

– Para los que busquen un film del que no puedan deshacerse fácilmente.

– Imprescindible para espectadores inquietos que quieran descubrir a uno de los grandes autores europeos de los 80 y 90.

 

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