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Con la complicidad del prolífico realizador de cine de género John G. Blystone (que dirigiría para Oliver & Hardy en “Cabezas de chorlito”, 1938) y de su habitual colaborador Clyde Bruckman (guionista, por ejemplo, de “El moderno Sherlock Holmes”, 1924); el genio de la comedia muda Buster Keaton hizo su particular versión de “Romeo y Julieta”. Inspirado en el conflicto real entre los Hatfield y los McCoy, dos familias del siglo XIX que habían combatido en bandos distintos en la Guerra de Secesión, y cuya sangrienta rivalidad se convirtió en un icono cultural estadounidense; Keaton critica con ingenio y humor físico esos enfrentamientos sin sentido, cuya razón parece haberse perdido a través de las generaciones y que desembocarían en la Guerra de Secesión y en el eterno odio entre Norte y Sur.

Los Canfield y los McKay son dos familias de principios del siglo XIX que llevan enfrentándose décadas.Veinte años después de ser separado de su familia y sin conocer nada del asunto, Willie McKay (Buster Keaton) se verá metido de lleno en el conflicto.

“La ley de la hospitalidad” fue el primer largometraje de Keaton en el que los gags humorísticos se integraban a la perfección en un argumento elaborado que abarcaba todo el metraje. Además, como demostraría con “El maquinista de La General” (1926), con la que “La ley de la hospitalidad” tiene varios paralelismos, Keaton da mucha importancia a la minuciosidad en la recreación histórica. Tal vez no sea tan trepidante como otras obras de Keaton (se relentiza en su parte central) pero tiene persecuciones, tiroteos y una interesante trama de comedia de enredo con bastante trasfondo; un violento y dramático prólogo que precede a una suerte de comedia de situación en una diligencia sobre raíles, con el que Keaton (a veces impasible, tierno y otras acrobático) disfrutó hace 100 años inventando nuevos e influyentes caminos para la comicidad en el cine; y un buen despliegue técnico (algunas secuencias son verdaderamente osadas) y artístico (excelente fotografía de Gordon Jennings, multioscarizado en los años 40).

 

– Para apreciar el arte cinematográfico pionero.

– Imprescindible para amantes de la mejor comedia muda.

 

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