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Hito de la comedia de los 60, “La pantera rosa” supuso la feliz conjunción de una serie de clásicos irrepetibles en sus respectivas disciplinas artísticas. Así, a pesar de que el conjunto pueda decaer en ciertos momentos, es imposible no disfrutar de la icónica vis cómica y la facilidad para la improvisación de Peter Sellers (recién salido de la polémica “Lolita”, 1962, de Stanley Kubrick), el talento para la parodia genérica de Blake Edwards (“Desayuno con diamantes”, 1961, “Días de vino y rosas”, 1962, o “El guateque”, 1968) o la pegadiza maestría compositiva de Henry Mancini (oscarizado hasta 4 veces por su trabajo con Edwards). Como director y guionista, Blake Edwards confecciona un argumento entre el cine detectivesco (con guiños a Sherlock Holmes) y el de ladrones de guante blanco, aderezándolo con humor físico, enredos varios y comedia sofisticada; una sugerente comedia criminal que sirve de enlace entre el cine clásico y la comedia paródica posterior (de Mel Brooks a los hermanos Zucker).

Con el fin de evitar que el célebre ladrón de joyas ‘el Fantasma’ robe un extraño diamante llamado la Pantera Rosa, el torpe pero voluntarioso inspector Jacques Clouseau se traslada a Italia. Allí conocerá a Charles Lytton (David Niven) un sospechoso aristócrata británico que parece ser ‘el Fantasma’.

A pesar de que el protagonista es el ladrón felino interpretado por David Niven, fue Peter Sellers el que capta casi toda la atención, devorando a Niven en sus escenas en común (el personaje de Clouseau se convirtió en el hilo conductor de la saga). Además sus títulos de crédito (dirigidos por Hawley Pratt para la DePattie-Freleng) supusieron el nacimiento de uno de los personajes más populares de la animación cinematográfica de la época: la a menudo entrometida y siempre elegantemente irónica Pantera Rosa. Su divertida propuesta y un reparto lleno de atractivas estrellas (Robert Wagner, Capucine, Claudia Cardinale, …) posibilitaron que fuese un inmenso éxito en su momento; dando lugar a 10 secuelas y remakes (de calidad irregular, eso si).

 

– Para amantes de las parodias genéricas más elegantes.

– Imprescindible para apreciar las patochadas del carismático Peter Sellers.

 

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