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A pesar de ser uno de los iconos más reconocibles del spaghetti western cómico, “Mi nombre es ninguno” es odiada y amada a partes iguales. Por un lado están los que opinan que es un despropósito en el que el humor burdo de Terence Hill desentona con la seriedad crepuscular del argumento; y por otro están los que la consideran una pieza fundamental de la evolución del spaghetti western (aunque fue rodada mayormente en EE.UU.). Y es que “Mi nombre es ninguno” fusiona el grave estilo de Sergio Leone (el parte de una idea suya y además participó en la producción) con los westerns cómicos de E.B. Clucher (con los que Bud Spencer y Terence Hill saltaron a la fama). El resultado puede rechinar en ciertos momentos pero a pesar de todo contiene algunas secuencias verdaderamente inspiradas, una elegante puesta en escena (planos, encuadres, movimientos de cámara, …), buenas fotografía y banda sonora (Ennio Morricone intensifica el tono leoniano del film) y entretenimiento de sobra.

El legendario pistolero del salvaje oeste Jack Beauregard (Henry Fonda) decide retirarse a Europa. Pero de camino al barco que lo llevará al viejo continente, Jack conoce al misterioso Ninguno (Terence Hill), un joven admirador que lo meterá en problemas.

Dicen las malas lenguas que Sergio Leone estropeó la película, quitándole seriedad, para que no lo obligaran a hacer más westerns, género que al parecer llegó a odiar; haciéndole la vida imposible al director Tonino Valerii (“El día de la ira”, 1967, “La muerte de un presidente”, 1969) y boicoteando el film de diversas maneras. Aún así, los espectadores más desprejuiciados podrán disfrutar de un apreciable western crepuscular, donde Fonda vuelve a representar (como en “Hasta que llegó su hora”, 1968) los valores del antiguo oeste, los cuales estaban en periodo de extinción, amenazados por el mundo moderno. Pero también podrán rastrear la sombra de “Le llamaban Trinidad” (1970), para muchos el auténtico lastre de esta joya de la hibridación que sufrió el spaghetti western (un género ya de por sí híbrido) durante los años 70.

 

– Para coleccionistas de los grandes hitos de un género tan nuestro como el Spaghetti Western.

– Imprescindible para interesados en la mezclas genéricas más inadecuadas.

 

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